Nívea encargó a Buenos Aires, a París y a Londres vestidos de viaje, ropa para el campo, trajes de fiesta, sombreros a la moda, zapatos y carteras de cuero de lagarto y gamuza, y otras cosas que se guardaron envueltas en papel de seda y se preservaron con lavanda y alcanfor, sin que la novia les diera más que una mirada distraída.

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