Pero, por encima de la confusión y la ira, el
sentimiento más fuerte que recuerdo haber tenido esa noche, fue el deseo
frustrado, porque jamás podría cumplir el anhelo de recorrer a Rosa con las
manos, de penetrar sus secretos, de soltar el verde manantial de su cabello y
hundirme en sus aguas más profundas.
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