Iba llorando por dentro, hundido en mi pena y en el hielo de la noche,
escupiendo blasfemias contra la mula que andaba tan despacio, contra Férula,
portadora de desgracias, contra Rosa por haberse muerto y contra Dios por
haberlo permitido, hasta que empezó a aclarar el horizonte y vi desaparecer las
estrellas y surgir los primeros colores del alba, tiñendo de rojo y naranja el
paisaje del Norte y, con la luz, me volvió algo de cordura.
Discussion