Arremetí a golpes contra los débiles tabiques de madera de
la casa hasta que me sangraron, los nudillos, rompí en mil pedazos las cartas,
los dibujos de Rosa y las copias de las cartas mías que había guardado, metí
apresuradamente en mis maletas mi ropa, mis papeles y la bolsita de lona
donde estaba el oro y luego fui a buscar al capataz para entregarle los jornales
de los trabajadores y las llaves de la bodega.
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