Jaime tenía horror de
cualquier forma de extremismo y sostenía que los guerrilleros sólo se
justifican en las tiranías, donde no queda más remedio que batirse a tiros, pero
que son una aberración en un país donde los cambios se pueden obtener por
votación popular.—Eso no ha ocurrido nunca, tío, no seas ingenuo —replicaba
Alba—.
Discussion