Su sobrina llegaba en camisa de dormir, con el pelo mojado después de la ducha, y se sentaba a los pies de su cama a contarle asuntos felices, porque, tal como ella decía, él era un imán para atraer los problemas ajenos y las miserias irremediables, y era necesario que alguien lo pusiera al día sobre la primavera y el amor.

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