Miguel se dio cuenta de su bochorno y su
angustia, salió a buscar a la improvisada enfermería un paquete de algodón y
consiguió unos pañuelos, pero al poco rato se dieron cuenta que no era
suficiente y al anochecer Alba lloraba de humillación y de dolor, asustada por
las tenazas en sus entrañas y por ese gorgoriteo sangriento que no se parecía
en nada a lo de otros meses.
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