Blanca prefería esos encuentros furtivos con su
amante en hoteles de cita, a la rutina de una vida en común, al cansancio de un
matrimonio y a la pesadumbre de envejecer juntos compartiendo las penurias
de fin de mes, el mal olor en la boca al despertar, el tedio de los domingos y
los achaques de la edad.
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