A menudo, cuando tenía a una de ellas en la cama
suspirando dormida a su lado, cerraba los ojos y pensaba en Blanca, en su
amplio cuerpo maduro, en sus pechos abundantes y tibios, en las finas arrugas
de su boca, en las sombras de sus ojos árabes y sentía un grito oprimiéndole el
pecho.
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