Los trabajos del mausoleo comenzaron al poco tiempo de la muerte de
Clara, pero se demoraron casi dos años, porque fui agregando nuevos y
costosos detalles: lápidas con letras góticas de oro, una cúpula de cristal para
que entrara el sol y un ingenioso mecanismo copiado de las fuentes romanas,
que permitía irrigar en forma constante y mesurada un minúsculo jardín
interior, donde hice plantar rosas y camelias, las flores preferidas de las
hermanas que habían ocupado mi corazón.
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