Voy por el tintero--y no tardó cinco
minutos en volver, y al entrar de nuevo en la alcoba, vio que Fortunata
se había incorporado en su cama con el chiquillo en brazos, y que
después, entre ella y Encarnación, le ponían bien abrigadito en su cuna
de mimbres, la cual venía a ser como un canasto.
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