La primera vez que Ballester vio a Izquierdo y a su docto amigo,
no les dijo más que algunas palabras dictadas por la buena crianza; pero
a la segunda se cruzó entre ellos tal tiroteo de cumplidos,
ofrecimientos y franquezas, que no había de tardar la amistad en unirles
a los tres con apretado lazo.
Discussion