Y no dejaron de molestarle también y entorpecerle ciertas
disensiones domésticas, pues Refugio, que ya se estaba dando pisto de
gobernadora, y se había despedido de sus amigas con ofrecimientos de
protección a todo el género humano, se quedó helada cuando su señor le
dijo que no la podía llevar... Pucheros, lloros, apóstrofes, quejas,
gritos... «Pero, hija de mi alma, hazte cargo de las cosas; no seas así.
Discussion