--¡Oh!, no...--exclamó Fortunata con toda su alma--, es que si no fuera
honrada esa mujer, a mí me parecería que no hay honradez en el mundo y
que cada cual puede hacer lo que le da la gana... Paréceme que se rompe
todo lo que la ata a una; no sé si me explico; y que ya lo mismo da
blanco que negro.
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