Se habrá convencido de que amar a un marido como el
que tiene es contrario a la naturaleza; y su Dios, aquel buen Señor que
está acostado en la urna de cristal, con su sábana de holanda finísima,
aquel mismo Dios, amigo de Estupiñá, le ha de aconsejar que me quiera.
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