Lo repito, convido a todo Cristo... a lo que quieran... y convido a las de Torquemada, a Ballester... a doña Casta y sus simpáticas hijas... --Para, hijo, para--dijo doña Lupe amoscándose--, que para esas convidadas no te va a bastar el sueldo de un año; y si piensas que yo cargo con el mochuelo de los gastos, te equivocas... Nicolás se calmó luego, tomando el tono que cuadra a un sacerdote y con el cual sabía él muy bien rectificar la descompostura que le producían la ira o el contento.

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