Pero me gustan tanto los niños, que tengo verdadera manía por ellos, y los ajenos me parece que deberían ser míos... y, créalo usted, no tendría escrúpulo de conciencia en robar uno, si pudiera... --Pues yo también, si pudiera...--declaró Fortunata, que no quería ser menos que su rival en aquello de la manía materna.

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