Allá está doña
Fuensanta; pero va a salir a la compra, y si usted hiciera el favor...
Fortunata no necesitó más, y fue a la otra casa, donde encontró a la
comandanta muy afanada, porque no era un almuerzo, sino tres los que
tenía que preparar, el de Juan Antonio y el de dos obreros más, cuyas
respectivas mujeres se habían ido ya para la fábrica, dejándole aquel
encargo.
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