Extendió la mano para detener al cochero y decirle que volviera a la calle de Tabernillas; pero antes de realizar aquel propósito, cesó la trepidación que en su alma había sentido, y todo quedó en reposo... «¡Qué debilidades!--pensó--; estas son chocheces y nada más que chocheces... ¿Pues no se me ocurrió volver allá para desdecirme?

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