--¡Ay!, no me podías decir nada--manifestó la joven dándose un
lengüetazo en los labios, que se le secaban más todavía--, nada que me
fuera más antipático, más...
--Yo lo comprendo...--Si tú no te has de morir--dijo Fortunata
irguiéndose con brío, en son de protesta--.
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