Esto le ocasionó grandes tristezas que al principio trataba de disimular
delante de su querida; pero una tarde que estaban sentados junto al
balcón, se le abatieron tanto los espíritus que no pudo contener su pena
y la confió a su amiga: «Chulita, habrás notado que yo... pues... habrás
visto que mi salud no es buena.
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