La cabeza
dio contra el canto como una piedra que cae, y la torcida postura en que
quedaba el cuerpo al caer doblándose con violencia, fue causa de que el
resuello se le dificultara, produciéndose en los conductos de la
respiración silbidos agudísimos, a los que siguió un estertor como de
líquidos que hierven.
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