Lo malo era que en aquellas largas horas, a veces aburridas,
que pasaba de rodillas ante el Sacramento, la faz envuelta en un gran
velo al modo de mosquitero, la pecadora solía fijarse más en la
custodia, marco y continente de la sagrada forma, que en la forma misma,
por las asociaciones de ideas que aquella joya despertaba en su mente.
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