En los días sucesivos figurábase que seguía viéndola o que se iba a
aparecer por cualquier puerta cuando menos lo esperase... El mucho
pensar en ella la llevó, al amparo de la soledad del convento, a tener
por las noches ensueños en que la señora de Santa Cruz aparecía en su
cerebro con el relieve de las cosas reales.
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