Marquesas y duquesas, que habían
venido en coches blasonados, y otras que no tenían título pero sí mucho
dinero, desfilaron por aquellas salas y pasillos, en los cuales la
dirección fanática de Sor Natividad y las manos rudas de las recogidas
habían hecho tales prodigios de limpieza que, según frase vulgar, se
podía comer en el suelo sin necesidad de manteles.
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