Las señoras que
protegían la casa sosteniéndola con cuotas en metálico o donativos, eran
admitidas a visitar el interior del convento cuando quisieren; y en
ciertos días solemnes se hacía limpieza general y se ponía toda la casa
como una plata, sin desfigurarla ni ocultar las necesidades de ella,
para que las protectoras vieran bien a qué orden de cosas debían aplicar
su generosidad.
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