Desde el corredor alto se veía parte del Campo de Guardias, el Depósito
de aguas del Lozoya, el cementerio de San Martín y el caserío de Cuatro
Caminos, y detrás de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y
el admirable horizonte que parece el mar, líneas ligeramente onduladas,
en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco,
la torre de Aravaca o de Húmera.
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