Sor Antonia, que era la bondad misma, mirábala con
toda la severidad que cabía en su carácter angelical, y Mauricia le
devolvía la mirada con insolente dureza, diciendo: «Si no he sido
_yio_... _amos_, si no he sido _yio_... ¿Para qué me mira usted
tantooo?...
Discussion