El motivo de aquella doméstica zaragata fue
que a Nicolás Rubín se le ocurrió la idea trágica de convidar a almorzar
a su amigo el padre Pintado, y no fue lo peor que se le ocurriera, sino
que se apresurase a ejecutarla con aquella frescura clerical que en tan
alto grado tenía, metiendo a su camarada por las puertas de la casa sin
ocuparse para nada de si en esta había o no los bastimentos necesarios
para dos bocas de tal naturaleza.
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