Y bien
podía suceder, porque algunas que entraban allí cargadas de pecados se
corregían de tal modo y se daban con tanta gana a la penitencia, que no
querían salir más, y hablarles de casarse era como hablarles del
demonio... Pero no, Fortunata no sería así; no tenía ella cariz de
volverse santa _en toda la extensión de la palabra_, como diría doña
Lupe.
Discussion