Cuando llegó a mi noticia
que me acusaban de haber ido al Cuartel General de Moriones a llevar
recados de mi jefe, me volé, y aquella misma tarde, habiéndome
encontrado a la camarilla en el atrio de la iglesia de San Miguel, me
lié la manta a la cabeza, y por poco se arma allí un Dos de Mayo.
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