En la cuestión religiosa, las ideas de doña Lupe se adaptaban al
criterio de su difunto esposo, que era el más juicioso de los hombres y
sabía dar a Dios lo que es de Dios y al César, etc... Este estribillo
lo repetía muy orgullosamente la viuda siempre que saltaba una
oportunidad, añadiendo que creía cuanto la Santa Madre Iglesia manda
creer; pero que mientras menos trato tuviera con curas, mejor.
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