Un día,
finalmente, me trajo su reloj, los pendientes de su mujer, y doce cajas
de pieles y manguitos, y aquella misma tarde, aquella mismísima tarde,
señora, me le veo en la Puerta del Sol, encaramándose en un coche para
ir a los Toros... Si son así... quieren el dinero, como quien dice, para
el materialismo de tirarlo.
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