Doña Lupe tenía una falda de diario con muchos y grandes
remiendos admirablemente puestos, delantal azul de cuadros, toquilla
oscura envolviendo el arrogante busto, pañuelo negro en la cabeza,
mitones colorados y borceguíes de fieltro gruesos y blandos, tan blandos
que sus pasos eran como los de un gato.
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