Como si la estuviera viendo, le soltó estas atrevidas
expresiones: «Y para que lo sepa usted de una vez, yo no cedo ni puedo
ceder, porque sigo en esto el impulso de mi conciencia, y contra la
conciencia no valen pamplinas, ni ese cúmulo, ese cúmulo, sí señora,
de... preocupaciones rancias que usted me opone.
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