Algunas veces contestaba ella
que sí con esa facilidad mecánica y rutinaria de los niños aplicados que
se saben la lección; otras veces, más sincera y reflexiva, respondía que
el cariño no depende de la voluntad ni menos de la razón, y por esto
acontece que una mujer, que no tiene pelo de tonta, se enamorisca de
cualquier pelagatos, y da calabazas a las personas decentes.
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