Tenía el cuerpo esbelto, las manos ásperas del trabajo y el agua
fría, la cara diablesca, con unos ojos reventones de que sacaba mucho
partido para hacer reír a la gente, la boca hocicuda y graciosa, con un
juego de labios y unos dientes blanquísimos que eran como de encargo
para producir las muecas más extravagantes.
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