Lo que hacía cavilar algo a
D. Baldomero II era que su hijo no tuviese la firmeza de ideas que él
tenía, pues él pensaba el 73 lo mismo que había pensado el 45; es decir,
que debe haber mucha libertad y mucho palo, que la libertad hace muy
buenas migas con la religión, y que conviene perseguir y escarmentar a
todos los que van a la política a hacer chanchullos.
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