Veremos
si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que
levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la
holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con
departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan
allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse
y ser buenos cristianos».
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