Hízome sentar a su lado; tratábame como su igual; tuve que darle mil
noticias del asilo, explicarle todo... Quería saber lo que comen los
pequeños, qué ropa les pongo... En fin, que nos hicimos amigas...
Empeñada en que fuera yo allá todos los días... A la semana siguiente me
mandó montones de ropa, piezas de tela y suscribió a sus niños por una
cantidad mensual.
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