El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y
aparadores de nogal llenos de finísima loza de China, la consabida
sillería de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble,
listones claveteados también, y los bodegones al óleo, no malos, con la
invariable raja de sandía, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que
de tan bien pintadas parecía que olían mal.
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