El instinto
advirtió a Clara que algo anormal estaba ocurriendo adentro, trató de
asomarse, pero su nariz no llegaba al alféizar de la ventana, tuvo que arrastrar
un cajón y acercarlo al muro, se trepó y pudo mirar por un hueco entre el
postigo de madera y el marco de la ventana que la humedad y el tiempo habían
deformado.
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