Pero sí le
dije que había vivido entre hombres toscos y sin ley, comiendo garbanzos y
bebiendo agua verde, lejos de la civilización, pensando en ella noche y día,
llevando en el alma su imagen como un estandarte que me daba fuerzas para
seguir picoteando la montaña, aunque se perdiera la veta, enfermo del
estómago la mayor parte del año, helado de frío en las noches y alucinado por
el calor del día, todo eso con el único fin de casarme con ella, pero va y se me
muere a traición, antes que pudiera cumplir mis sueños, dejándome una
incurable desolación.
Discussion