A fines del otoño, cuando la familia se había tranquilizado respecto a las
intenciones del padre Restrepo, quien tuvo que apaciguar su vocación de
inquisidor después que el obispo en persona le advirtió que dejara en paz a la
pequeña Clara del Valle, y cuando todos se habían resignado a la idea de que
el tío Marcos estaba realmente muerto, comenzaron a concretarse los planes
políticos de Severo.
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