Los proveedores huían
precipitadamente cuando se asomaba a la calle y en una oportunidad su
presencia provocó pánico entre las mujeres que hacían fila frente al carretón
que repartía la leche, espantando al percherón de tiro, que salió dispararlo en
medio de un estropicio de cubos de leche desparramados en el empedrado.
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