y era
inútil que Nívea tratara de convencerla de que las riquezas de las minas
estaban metidas en las piedras, porque a Rosa le parecía imposible que
Esteban Trueba recogiera toneladas de peñascos con la esperanza de que, al
someterlos a inicuos procesos crematorios, escupieran un gramo de oro.
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