EL AMANTE JAPONES - Isabel ALLENDE - 38 / LENNY BEAL.
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LENNY BEAL.

Nathaniel y Alma ocupaban las dos habitaciones que habían sido de Lillian e Isaac, comunicadas por una puerta, que de tanto permanecer abierta, ya no podía cerrarse. Volvieron a compartir el insomnio como en los primeros tiempos de casados, muy juntos en un sofá o en la cama,.
ella leyendo, con el libro en una mano y acariciando a Nathaniel con la otra,. mientras él descansaba con los ojos cerrados, respirando con un borboteo en el pecho. En una de esas noches largas se sorprendieron mutuamente llorando en silencio, para no molestar al otro. Primero Alma sintió las mejillas húmedas de su marido e inmediatamente él notó las lágrimas de ella,. tan raras, que se incorporó para verificar si eran reales. No recordaba haberla visto llorar ni en los momentos más amargos.
—Te estás muriendo, ¿verdad? —murmuró ella.
—Sí, Alma, pero no llores por mí.
—No lloro sólo por ti, sino por mí. Y por nosotros, por todo lo que no te he dicho, por las omisiones y mentiras, por las traiciones y el tiempo que te robé.
—¡Qué dices, por Dios! No me has traicionado por amar a Ichimei, Alma. Hay omisiones y mentiras necesarias,. como hay verdades que más vale callar.
—¿Sabes lo de Ichimei? ¿Desde cuándo? —se sorprendió ella.
—Desde siempre. El corazón es grande, se puede amar a más de una persona.
—Háblame de ti, Nat. Nunca he indagado en tus secretos, que imagino son muchos, para no tener que revelarte los míos.
—¡Nos hemos querido tanto, Alma!. Uno siempre debiera casarse con la mejor amiga. Te conozco como nadie. Lo que no me has dicho lo puedo adivinar; pero tú no me conoces a mí. Tienes derecho a saber quién soy verdaderamente.
Y entonces le habló de Lenny Beal. El resto de esa larga noche en blanco se contaron todo con la urgencia de saber que les quedaba poco tiempo juntos.
Desde que podía recordar, Nathaniel había sentido una mezcla de fascinación, temor y deseo por los de su mismo sexo,. primero por sus compañeros de escuela, después por otros hombres y finalmente por Lenny,. que había sido su pareja durante ocho años. Había luchado contra esos sentimientos,. desgarrado entre los impulsos del corazón y la voz implacable de la razón. En la escuela, cuando todavía él mismo no podía identificar lo que sentía,. los otros niños sabían visceralmente que él era diferente y lo castigaban con golpes, burlas y ostracismo. Esos años, cautivo entre matones, fueron los peores de su vida. Cuando terminó la escuela, desgajado entre los escrúpulos y la fogosidad incontrolable de la juventud,. se dio cuenta de que no era excepcional, como creía;. en todos lados se topaba con hombres que lo miraban directamente a los ojos con una invitación o una súplica. Lo inició otro alumno de Harvard. Descubrió que la homosexualidad era un mundo paralelo, coexistente con la realidad aceptada. Conoció a individuos de muchas clases. En la universidad: profesores, intelectuales, estudiantes, un rabino y un jugador de fútbol;. en la calle: marineros, obreros, burócratas, políticos, comerciantes y delincuentes. Era un mundo incluyente, promiscuo y todavía discreto,. porque se enfrentaba al juicio terminante de la sociedad, la moral y la ley. A los gais no los admitían en hoteles, clubes ni iglesias,. no les servían licor en bares y podían echarlos de lugares públicos, acusados con o sin razón de conducta desordenada;. los bares y clubes gais pertenecían a la mafia. De regreso a San Francisco, con el diploma de abogado bajo el brazo,. se encontró con los primeros signos de una naciente cultura gay, que no llegaría a manifestarse abiertamente hasta varios años más tarde. Cuando comenzaron los movimientos sociales de la década de los sesenta,. entre ellos la Liberación Gay, Nathaniel estaba casado con Alma y su hijo Larry tenía diez años. «No me casé contigo para disimular mi homosexualidad, sino por amistad y por amor»,. le dijo a Alma esa noche. Fueron años de esquizofrenia:. una vida pública irreprochable y de éxito, otra vida ilícita y escondida. Conoció a Lenny Beal en 1976 en un baño turco para hombres,. el lugar más propicio para excesos y menos propicio para iniciar un amor como el de ellos.
Nathaniel iba a cumplir cincuenta años y Lenny era seis menor que él, hermoso como las deidades masculinas de las estatuas romanas,.
irreverente, exaltado y pecaminoso, lo opuesto en carácter a Nathaniel.
La atracción física fue instantánea. Se encerraron en uno de los cubículos y estuvieron hasta el amanecer perdidos en el placer,.
atacándose como luchadores y chapaleando juntos en el enredo y el delirio de los cuerpos. Se dieron cita para el día siguiente en un hotel,.
donde llegaron separados. Lenny llevó marihuana y cocaína, pero Nathaniel le pidió que no las usaran;. deseaba vivir esa experiencia con plena consciencia. Una semana más tarde ya sabían que el fogonazo del deseo había sido sólo el comienzo de un amor colosal y sucumbieron sin resistencia al imperativo de vivirlo con plenitud. Alquilaron un estudio en el centro de la ciudad,. donde pusieron un mínimo de muebles y el mejor equipo de música, con el compromiso de que sólo ellos pondrían los pies allí. Nathaniel terminó la búsqueda iniciada treinta y cinco años atrás,. pero en apariencia nada cambió en su existencia: siguió siendo el mismo modelo de burgués;. nadie pudo sospechar qué le pasaba ni notar que sus horas de oficina y su entrega al deporte habían sufrido una reducción drástica. Por su parte, Lenny se transformó bajo la influencia de su amante. Asentó por primera vez su turbulenta existencia y se atrevió a sustituir el ruido y la actividad demencial por la contemplación de la felicidad recién descubierta. Si no estaba con Nathaniel, estaba pensando en él. No volvió a ir a baños o clubes gais;. sus amigos rara vez lograban tentarlo con alguna fiesta, no le interesaba conocer a nadie más, porque Nathaniel le bastaba, era el sol, el centro de sus días.
Se instaló en el sosiego de ese amor con devoción de puritano. Adoptó la música, la comida y los tragos preferidos de Nathaniel,. sus suéteres de cachemira, su abrigo de pelo de camello, su loción de afeitar. Nathaniel hizo instalar una línea telefónica personal en su oficina,. cuyo número sólo usaba Lenny, así se comunicaban;. salían en el velero, hacían excursiones, se encontraban en ciudades distantes, donde nadie los conocía.
Al principio, la incomprensible enfermedad de Nathaniel no entorpeció el vínculo con Lenny;. los síntomas eran diversos y esporádicos, iban y venían sin causa ni relación aparente. Después, cuando Nathaniel se fue desdibujando y reduciendo a un espectro del que fue,. cuando tuvo que aceptar sus limitaciones y pedir ayuda, se terminaron las diversiones.
Perdió el ánimo de la vida, sintió que todo a su alrededor se volvía pálido y tenue,. se abandonó a la nostalgia del pasado,. como un anciano, arrepentido de algunas cosas que hizo y muchas que no alcanzó a hacer.
Sabía que la vida se le acortaba rápidamente y tenía miedo. Lenny no lo dejaba caer en la depresión,. lo sostenía con buen humor fingido y la firmeza de su amor,. que en esos tiempos de prueba no hizo más que crecer y crecer. Se juntaban en el pequeño apartamento para consolarse mutuamente. A Nathaniel le faltaban fuerzas y deseo para hacer el amor,. pero Lenny no se lo pedía, se contentaba con los momentos de intimidad en que podía calmarlo si tiritaba de fiebre,. darle yogur con una cucharilla de bebé, acostarse a su lado a oír música,. frotarle las escaras con bálsamos, sostenerlo en el excusado. Por último, Nathaniel ya no pudo salir de su casa y Alma asumió el papel de enfermera con la misma perseverante ternura de Lenny,. pero ella era sólo la amiga y esposa,. mientras que Lenny era su gran amor. Así lo entendió Alma esa noche de las confidencias.
Al amanecer, cuando por fin Nathaniel pudo dormir,. ella buscó el número de Lenny Beal en la guía y lo llamó por teléfono para rogarle que fuera a ayudarla. Juntos podrían sobrellevar mejor la angustia de esa agonía, le dijo. Lenny llegó en menos de cuarenta minutos. Alma, todavía en pijama y bata, le abrió la puerta. Él se encontró frente a una mujer devastada por el insomnio, la fatiga y el sufrimiento;. ella vio a un hombre guapo, con el pelo húmedo por la ducha reciente y los ojos más azules del mundo, enrojecidos.
—Soy Lenny Beal, señora —balbuceó, conmovido.
—Llámeme Alma, por favor. Ésta es su casa, Lenny —replicó ella.
Él quiso tenderle la mano, pero no alcanzó a completar el gesto y se abrazaron, trémulos.
Lenny comenzó a visitar la casa de Sea Cliff a diario,. después de su trabajo en la clínica dental. Le dijeron a Larry y Doris, a los empleados, a los amigos y conocidos que llegaban de visita, que Lenny era un enfermero. Nadie hizo preguntas. Alma llamó a un carpintero, que arregló la puerta trabada del dormitorio, y los dejaba solos. Sentía un alivio inmenso cuando a su marido se le iluminaba la mirada al ver aparecer a Lenny. A la hora del crepúsculo los tres tomaban té con panecillos ingleses y a veces,. si Nathaniel estaba animado, jugaban a las cartas. Para entonces había un diagnóstico, el más temible de todos: sida. Hacía sólo un par de años que el mal tenía nombre,. pero ya se sabía que era una condena a muerte;. unos caían antes, otros después; todo era cuestión de tiempo. Alma no quiso averiguar por qué le tocó a Nathaniel y no a Lenny,. pero si lo hubiera hecho, nadie habría podido darle una respuesta categórica. Los casos se multiplicaban a tal velocidad, que ya se hablaba de epidemia mundial y de castigo de Dios por la infamia de la homosexualidad. «Sida» se pronunciaba en susurros,. no se podía admitir su presencia en una familia o en una comunidad, porque equivalía a proclamar imperdonables perversiones.
La explicación oficial, incluso para la familia, fue que Nathaniel tenía cáncer. Como la ciencia tradicional nada podía ofrecer,. Lenny se fue a México a buscar drogas misteriosas, que de nada sirvieron,. mientras Alma recurría a cuanta promesa de la medicina alternativa consiguió,.
desde acupuntura, hierbas y ungüentos de Chinatown, hasta baños de lodo mágico en las termas de Calistoga. Entonces pudo entender los recursos desquiciados de Lillian para curar a Isaac y lamentó haber tirado a la basura la estatuilla del barón Samedi.
Nueve meses más tarde, el cuerpo de Nathaniel estaba reducido a un esqueleto,. el aire apenas penetraba en el laberinto atascado de sus pulmones,. sufría una sed insaciable y llagas en la piel, no tenía voz y su mente divagaba en terribles delirios. Entonces, un domingo somnoliento en que estaban solos en la casa, Alma y Lenny, tomados de la mano en la penumbra de la habitación cerrada, le rogaron a Nathaniel que dejara de luchar y se fuera tranquilo. No podían seguir presenciando ese martirio. En un instante milagroso de lucidez,. Nathaniel abrió los ojos, nublados por el dolor, y movió los labios formando una sola palabra muda: gracias. Lo interpretaron como lo que en verdad era, una orden. Lenny lo besó en los labios antes de inyectar una sobredosis de morfina en la goma del suero intravenoso. Alma, de rodillas al otro lado de la cama, le fue recordando a su marido quedamente cuánto lo amaban ella y Lenny y cuánto les había dado a ambos y a mucha otra gente, que sería recordado siempre, que nada podría separarlos… Compartiendo té de mango y recuerdos en Lark House, Alma y Lenny se preguntaron por qué dejaron pasar tres décadas sin hacer ningún intento de volver a conectarse. Después de cerrarle los ojos a Nathaniel, de ayudar a Alma a arreglar el cuerpo, para presentárselo lo mejor posible a Larry y Doris, y de eliminar las huellas delatoras de lo sucedido, Lenny se despidió de Alma y se fue. Habían pasado meses juntos en la intimidad absoluta del sufrimiento y la incertidumbre de la esperanza,. nunca se habían visto a la luz del día, sólo dentro de esa alcoba que olía a mentol y a muerte mucho antes de que ésta acudiera a reclamar a Nathaniel. Habían compartido noches en blanco, bebiendo whisky aguado o fumando marihuana para aliviar la angustia,. en las que se contaron sus vidas, desenterraron anhelos y secretos, y llegaron a conocerse a fondo. En esa parsimoniosa agonía no cabían pretensiones de ninguna clase, se revelaron como eran a solas consigo mismos, al desnudo. A pesar de eso, o tal vez por eso, llegaron a quererse con un cariño diáfano y desesperado que requería una separación,. porque no habría resistido el desgaste irremediable de lo cotidiano.
—Tuvimos una amistad rara —dijo Alma.
—Nathaniel estaba tan agradecido de que los dos estuviéramos con él,.
que una vez me pidió que me casara contigo cuando enviudaras. No quería dejarte desamparada.
—¡Qué idea genial!. ¿Por qué no me lo propusiste, Lenny?. Habríamos hecho buena pareja. Nos habríamos acompañado y guardado las espaldas, como Nathaniel y yo.
—Soy gay, Alma.
—Nathaniel también. Habríamos tenido un matrimonio blanco, sin cama;. tú con tu vida amorosa y yo con Ichimei. Muy conveniente, ya que no podíamos exponer nuestros amores en público.
—Todavía es tiempo. ¿Quieres casarte conmigo, Alma Belasco?.
—Pero ¿no me dijiste que te ibas a morir pronto?. No quiero ser viuda por segunda vez.
Se echaron a reír con ganas y la risa los animó a ir al comedor a ver si el menú incluía algo tentador. Lenny ofreció el brazo a Alma y salieron por el pasillo de vidrio hacia la casa principal,. la antigua mansión del magnate del chocolate,. sintiéndose envejecidos y contentos,.
preguntándose por qué se habla tanto de tristezas y malestares y no de la felicidad. «¿Qué hacer con esta felicidad que nos llega sin motivo especial,. esta felicidad que no requiere nada para existir?»,. preguntó Alma. Avanzaban con pasos cortos y vacilantes, apoyándose el uno en el otro,. friolentos, porque estaba terminando el otoño, aturdidos por el torrente de recuerdos tenaces, recuerdos de amor,. invadidos por esa felicidad compartida. Alma señaló a Lenny la visión fugaz de unos velos rosados en el parque., pero estaba oscureciendo y tal vez no era Emily anunciando una desgracia, sino un espejismo, como tantos en Lark House.
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LENNY BEAL.
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tan raras, que se incorporó para verificar si eran reales.
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No recordaba haberla visto llorar ni en los momentos más amargos.
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—Te estás muriendo, ¿verdad?
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—murmuró ella.
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—Sí, Alma, pero no llores por mí.
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—No lloro sólo por ti, sino por mí.
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—¡Qué dices, por Dios!
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No me has traicionado por amar a Ichimei, Alma.
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Hay omisiones y mentiras necesarias,.
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como hay verdades que más vale callar.
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—¿Sabes lo de Ichimei?
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¿Desde cuándo?
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—se sorprendió ella.
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—Desde siempre.
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El corazón es grande, se puede amar a más de una persona.
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—Háblame de ti, Nat.
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—¡Nos hemos querido tanto, Alma!.
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Uno siempre debiera casarse con la mejor amiga.
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Te conozco como nadie.
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Lo que no me has dicho lo puedo adivinar; pero tú no me conoces a mí.
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Tienes derecho a saber quién soy verdaderamente.
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Y entonces le habló de Lenny Beal.
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que había sido su pareja durante ocho años.
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Había luchado contra esos sentimientos,.
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Esos años, cautivo entre matones, fueron los peores de su vida.
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se dio cuenta de que no era excepcional, como creía;.
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Lo inició otro alumno de Harvard.
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Conoció a individuos de muchas clases.
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Era un mundo incluyente, promiscuo y todavía discreto,.
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A los gais no los admitían en hoteles, clubes ni iglesias,.
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los bares y clubes gais pertenecían a la mafia.
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De regreso a San Francisco, con el diploma de abogado bajo el brazo,.
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le dijo a Alma esa noche.
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Fueron años de esquizofrenia:.
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Conoció a Lenny Beal en 1976 en un baño turco para hombres,.
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irreverente, exaltado y pecaminoso, lo opuesto en carácter a Nathaniel.
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La atracción física fue instantánea.
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Se dieron cita para el día siguiente en un hotel,.
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donde llegaron separados.
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deseaba vivir esa experiencia con plena consciencia.
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Alquilaron un estudio en el centro de la ciudad,.
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Nathaniel terminó la búsqueda iniciada treinta y cinco años atrás,.
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Por su parte, Lenny se transformó bajo la influencia de su amante.
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Si no estaba con Nathaniel, estaba pensando en él.
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No volvió a ir a baños o clubes gais;.
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Se instaló en el sosiego de ese amor con devoción de puritano.
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Adoptó la música, la comida y los tragos preferidos de Nathaniel,.
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Nathaniel hizo instalar una línea telefónica personal en su oficina,.
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cuyo número sólo usaba Lenny, así se comunicaban;.
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se abandonó a la nostalgia del pasado,.
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Sabía que la vida se le acortaba rápidamente y tenía miedo.
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Lenny no lo dejaba caer en la depresión,.
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lo sostenía con buen humor fingido y la firmeza de su amor,.
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que en esos tiempos de prueba no hizo más que crecer y crecer.
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Se juntaban en el pequeño apartamento para consolarse mutuamente.
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A Nathaniel le faltaban fuerzas y deseo para hacer el amor,.
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frotarle las escaras con bálsamos, sostenerlo en el excusado.
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pero ella era sólo la amiga y esposa,.
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mientras que Lenny era su gran amor.
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Así lo entendió Alma esa noche de las confidencias.
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Al amanecer, cuando por fin Nathaniel pudo dormir,.
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Juntos podrían sobrellevar mejor la angustia de esa agonía, le dijo.
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Lenny llegó en menos de cuarenta minutos.
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Alma, todavía en pijama y bata, le abrió la puerta.
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—Soy Lenny Beal, señora —balbuceó, conmovido.
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—Llámeme Alma, por favor.
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Ésta es su casa, Lenny —replicó ella.
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Lenny comenzó a visitar la casa de Sea Cliff a diario,.
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después de su trabajo en la clínica dental.
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Nadie hizo preguntas.
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si Nathaniel estaba animado, jugaban a las cartas.
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Para entonces había un diagnóstico, el más temible de todos: sida.
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Hacía sólo un par de años que el mal tenía nombre,.
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pero ya se sabía que era una condena a muerte;.
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unos caían antes, otros después; todo era cuestión de tiempo.
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Alma no quiso averiguar por qué le tocó a Nathaniel y no a Lenny,.
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«Sida» se pronunciaba en susurros,.
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Como la ciencia tradicional nada podía ofrecer,.
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el aire apenas penetraba en el laberinto atascado de sus pulmones,.
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No podían seguir presenciando ese martirio.
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En un instante milagroso de lucidez,.
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Lo interpretaron como lo que en verdad era, una orden.
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porque no habría resistido el desgaste irremediable de lo cotidiano.
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—Tuvimos una amistad rara —dijo Alma.
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que una vez me pidió que me casara contigo cuando enviudaras.
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No quería dejarte desamparada.
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—¡Qué idea genial!.
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¿Por qué no me lo propusiste, Lenny?.
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Habríamos hecho buena pareja.
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Nos habríamos acompañado y guardado las espaldas, como Nathaniel y yo.
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—Soy gay, Alma.
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—Nathaniel también.
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Habríamos tenido un matrimonio blanco, sin cama;.
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tú con tu vida amorosa y yo con Ichimei.
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—Todavía es tiempo.
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¿Quieres casarte conmigo, Alma Belasco?.
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—Pero ¿no me dijiste que te ibas a morir pronto?.
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No quiero ser viuda por segunda vez.
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«¿Qué hacer con esta felicidad que nos llega sin motivo especial,.
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esta felicidad que no requiere nada para existir?»,.
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preguntó Alma.
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Avanzaban con pasos cortos y vacilantes, apoyándose el uno en el otro,.
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invadidos por esa felicidad compartida.
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LENNY BEAL.

Nathaniel y Alma ocupaban las dos habitaciones que habían sido de
Lillian e Isaac, comunicadas por una puerta, que de tanto permanecer
abierta, ya no podía cerrarse. Volvieron a compartir el insomnio como
en los primeros tiempos de casados, muy juntos en un sofá o en la cama,.
ella leyendo, con el libro en una mano y acariciando a Nathaniel con la
otra,. mientras él descansaba con los ojos cerrados, respirando con un
borboteo en el pecho. En una de esas noches largas se sorprendieron
mutuamente llorando en silencio, para no molestar al otro. Primero
Alma sintió las mejillas húmedas de su marido e inmediatamente él notó
las lágrimas de ella,. tan raras, que se incorporó para verificar si eran
reales. No recordaba haberla visto llorar ni en los momentos más
amargos.
—Te estás muriendo, ¿verdad? —murmuró ella.
—Sí, Alma, pero no llores por mí.
—No lloro sólo por ti, sino por mí. Y por nosotros, por todo lo que no te
he dicho, por las omisiones y mentiras, por las traiciones y el tiempo que
te robé.
—¡Qué dices, por Dios! No me has traicionado por amar a Ichimei,
Alma. Hay omisiones y mentiras necesarias,. como hay verdades que
más vale callar.
—¿Sabes lo de Ichimei? ¿Desde cuándo? —se sorprendió ella.
—Desde siempre. El corazón es grande, se puede amar a más de una
persona.
—Háblame de ti, Nat. Nunca he indagado en tus secretos, que imagino
son muchos, para no tener que revelarte los míos.
—¡Nos hemos querido tanto, Alma!. Uno siempre debiera casarse con la
mejor amiga. Te conozco como nadie. Lo que no me has dicho lo puedo
adivinar; pero tú no me conoces a mí. Tienes derecho a saber quién soy
verdaderamente.
Y entonces le habló de Lenny Beal. El resto de esa larga noche en
blanco se contaron todo con la urgencia de saber que les quedaba poco
tiempo juntos.
Desde que podía recordar, Nathaniel había sentido una mezcla de
fascinación, temor y deseo por los de su mismo sexo,. primero por sus
compañeros de escuela, después por otros hombres y finalmente por
Lenny,. que había sido su pareja durante ocho años. Había luchado
contra esos sentimientos,. desgarrado entre los impulsos del corazón y la
voz implacable de la razón. En la escuela, cuando todavía él mismo no
podía identificar lo que sentía,. los otros niños sabían visceralmente que
él era diferente y lo castigaban con golpes, burlas y ostracismo. Esos
años, cautivo entre matones, fueron los peores de su vida. Cuando
terminó la escuela, desgajado entre los escrúpulos y la fogosidad
incontrolable de la juventud,. se dio cuenta de que no era excepcional,
como creía;. en todos lados se topaba con hombres que lo miraban
directamente a los ojos con una invitación o una súplica. Lo inició otro
alumno de Harvard. Descubrió que la homosexualidad era un mundo
paralelo, coexistente con la realidad aceptada. Conoció a individuos de
muchas clases. En la universidad: profesores, intelectuales, estudiantes,
un rabino y un jugador de fútbol;. en la calle: marineros, obreros,
burócratas, políticos, comerciantes y delincuentes. Era un mundo
incluyente, promiscuo y todavía discreto,. porque se enfrentaba al juicio
terminante de la sociedad, la moral y la ley. A los gais no los admitían en
hoteles, clubes ni iglesias,. no les servían licor en bares y podían
echarlos de lugares públicos, acusados con o sin razón de conducta
desordenada;. los bares y clubes gais pertenecían a la mafia. De regreso
a San Francisco, con el diploma de abogado bajo el brazo,. se encontró
con los primeros signos de una naciente cultura gay, que no llegaría a
manifestarse abiertamente hasta varios años más tarde. Cuando
comenzaron los movimientos sociales de la década de los sesenta,. entre
ellos la Liberación Gay, Nathaniel estaba casado con Alma y su hijo
Larry tenía diez años. «No me casé contigo para disimular mi
homosexualidad, sino por amistad y por amor»,. le dijo a Alma esa
noche. Fueron años de esquizofrenia:. una vida pública irreprochable y
de éxito, otra vida ilícita y escondida. Conoció a Lenny Beal en 1976 en
un baño turco para hombres,. el lugar más propicio para excesos y
menos propicio para iniciar un amor como el de ellos.
Nathaniel iba a cumplir cincuenta años y Lenny era seis menor que él,
hermoso como las deidades masculinas de las estatuas romanas,.
irreverente, exaltado y pecaminoso, lo opuesto en carácter a Nathaniel.
La atracción física fue instantánea. Se encerraron en uno de los
cubículos y estuvieron hasta el amanecer perdidos en el placer,.
atacándose como luchadores y chapaleando juntos en el enredo y el
delirio de los cuerpos. Se dieron cita para el día siguiente en un hotel,.
donde llegaron separados. Lenny llevó marihuana y cocaína, pero
Nathaniel le pidió que no las usaran;. deseaba vivir esa experiencia con
plena consciencia. Una semana más tarde ya sabían que el fogonazo del
deseo había sido sólo el comienzo de un amor colosal y sucumbieron sin
resistencia al imperativo de vivirlo con plenitud. Alquilaron un estudio
en el centro de la ciudad,. donde pusieron un mínimo de muebles y el
mejor equipo de música, con el compromiso de que sólo ellos pondrían
los pies allí. Nathaniel terminó la búsqueda iniciada treinta y cinco años
atrás,. pero en apariencia nada cambió en su existencia: siguió siendo el
mismo modelo de burgués;. nadie pudo sospechar qué le pasaba ni notar
que sus horas de oficina y su entrega al deporte habían sufrido una
reducción drástica. Por su parte, Lenny se transformó bajo la influencia
de su amante. Asentó por primera vez su turbulenta existencia y se
atrevió a sustituir el ruido y la actividad demencial por la contemplación
de la felicidad recién descubierta. Si no estaba con Nathaniel, estaba
pensando en él. No volvió a ir a baños o clubes gais;. sus amigos rara
vez lograban tentarlo con alguna fiesta, no le interesaba conocer a
nadie más, porque Nathaniel le bastaba, era el sol, el centro de sus días.
Se instaló en el sosiego de ese amor con devoción de puritano. Adoptó la
música, la comida y los tragos preferidos de Nathaniel,. sus suéteres de
cachemira, su abrigo de pelo de camello, su loción de afeitar. Nathaniel
hizo instalar una línea telefónica personal en su oficina,. cuyo número
sólo usaba Lenny, así se comunicaban;. salían en el velero, hacían
excursiones, se encontraban en ciudades distantes, donde nadie los
conocía.
Al principio, la incomprensible enfermedad de Nathaniel no entorpeció
el vínculo con Lenny;. los síntomas eran diversos y esporádicos, iban y
venían sin causa ni relación aparente. Después, cuando Nathaniel se fue
desdibujando y reduciendo a un espectro del que fue,. cuando tuvo que
aceptar sus limitaciones y pedir ayuda, se terminaron las diversiones.
Perdió el ánimo de la vida, sintió que todo a su alrededor se volvía
pálido y tenue,. se abandonó a la nostalgia del pasado,. como un anciano,
arrepentido de algunas cosas que hizo y muchas que no alcanzó a hacer.
Sabía que la vida se le acortaba rápidamente y tenía miedo. Lenny no lo
dejaba caer en la depresión,. lo sostenía con buen humor fingido y la
firmeza de su amor,. que en esos tiempos de prueba no hizo más que
crecer y crecer. Se juntaban en el pequeño apartamento para consolarse
mutuamente. A Nathaniel le faltaban fuerzas y deseo para hacer el
amor,. pero Lenny no se lo pedía, se contentaba con los momentos de
intimidad en que podía calmarlo si tiritaba de fiebre,. darle yogur con
una cucharilla de bebé, acostarse a su lado a oír música,. frotarle las
escaras con bálsamos, sostenerlo en el excusado. Por último, Nathaniel
ya no pudo salir de su casa y Alma asumió el papel de enfermera con la
misma perseverante ternura de Lenny,. pero ella era sólo la amiga y
esposa,. mientras que Lenny era su gran amor. Así lo entendió Alma esa
noche de las confidencias.
Al amanecer, cuando por fin Nathaniel pudo dormir,. ella buscó el
número de Lenny Beal en la guía y lo llamó por teléfono para rogarle
que fuera a ayudarla. Juntos podrían sobrellevar mejor la angustia de
esa agonía, le dijo. Lenny llegó en menos de cuarenta minutos. Alma,
todavía en pijama y bata, le abrió la puerta. Él se encontró frente a una
mujer devastada por el insomnio, la fatiga y el sufrimiento;. ella vio a un
hombre guapo, con el pelo húmedo por la ducha reciente y los ojos más
azules del mundo, enrojecidos.
—Soy Lenny Beal, señora —balbuceó, conmovido.
—Llámeme Alma, por favor. Ésta es su casa, Lenny —replicó ella.
Él quiso tenderle la mano, pero no alcanzó a completar el gesto y se
abrazaron, trémulos.
Lenny comenzó a visitar la casa de Sea Cliff a diario,. después de su
trabajo en la clínica dental. Le dijeron a Larry y Doris, a los empleados,
a los amigos y conocidos que llegaban de visita, que Lenny era un
enfermero. Nadie hizo preguntas. Alma llamó a un carpintero, que
arregló la puerta trabada del dormitorio, y los dejaba solos. Sentía un
alivio inmenso cuando a su marido se le iluminaba la mirada al ver
aparecer a Lenny. A la hora del crepúsculo los tres tomaban té con
panecillos ingleses y a veces,. si Nathaniel estaba animado, jugaban a las
cartas. Para entonces había un diagnóstico, el más temible de todos:
sida. Hacía sólo un par de años que el mal tenía nombre,. pero ya se
sabía que era una condena a muerte;. unos caían antes, otros después;
todo era cuestión de tiempo. Alma no quiso averiguar por qué le tocó a
Nathaniel y no a Lenny,. pero si lo hubiera hecho, nadie habría podido
darle una respuesta categórica. Los casos se multiplicaban a tal
velocidad, que ya se hablaba de epidemia mundial y de castigo de Dios
por la infamia de la homosexualidad. «Sida» se pronunciaba en
susurros,. no se podía admitir su presencia en una familia o en una
comunidad, porque equivalía a proclamar imperdonables perversiones.
La explicación oficial, incluso para la familia, fue que Nathaniel tenía
cáncer. Como la ciencia tradicional nada podía ofrecer,. Lenny se fue a
México a buscar drogas misteriosas, que de nada sirvieron,. mientras
Alma recurría a cuanta promesa de la medicina alternativa consiguió,.
desde acupuntura, hierbas y ungüentos de Chinatown, hasta baños de
lodo mágico en las termas de Calistoga. Entonces pudo entender los
recursos desquiciados de Lillian para curar a Isaac y lamentó haber
tirado a la basura la estatuilla del barón Samedi.
Nueve meses más tarde, el cuerpo de Nathaniel estaba reducido a un
esqueleto,. el aire apenas penetraba en el laberinto atascado de sus
pulmones,. sufría una sed insaciable y llagas en la piel, no tenía voz y su
mente divagaba en terribles delirios. Entonces, un domingo somnoliento
en que estaban solos en la casa, Alma y Lenny, tomados de la mano en
la penumbra de la habitación cerrada, le rogaron a Nathaniel que
dejara de luchar y se fuera tranquilo. No podían seguir presenciando
ese martirio. En un instante milagroso de lucidez,. Nathaniel abrió los
ojos, nublados por el dolor, y movió los labios formando una sola
palabra muda: gracias. Lo interpretaron como lo que en verdad era,
una orden. Lenny lo besó en los labios antes de inyectar una sobredosis
de morfina en la goma del suero intravenoso. Alma, de rodillas al otro
lado de la cama, le fue recordando a su marido quedamente cuánto lo
amaban ella y Lenny y cuánto les había dado a ambos y a mucha otra
gente, que sería recordado siempre, que nada podría separarlos…
Compartiendo té de mango y recuerdos en Lark House, Alma y Lenny se
preguntaron por qué dejaron pasar tres décadas sin hacer ningún
intento de volver a conectarse. Después de cerrarle los ojos a Nathaniel,
de ayudar a Alma a arreglar el cuerpo, para presentárselo lo mejor
posible a Larry y Doris, y de eliminar las huellas delatoras de lo
sucedido, Lenny se despidió de Alma y se fue. Habían pasado meses
juntos en la intimidad absoluta del sufrimiento y la incertidumbre de la
esperanza,. nunca se habían visto a la luz del día, sólo dentro de esa
alcoba que olía a mentol y a muerte mucho antes de que ésta acudiera a
reclamar a Nathaniel. Habían compartido noches en blanco, bebiendo
whisky aguado o fumando marihuana para aliviar la angustia,. en las
que se contaron sus vidas, desenterraron anhelos y secretos, y llegaron
a conocerse a fondo. En esa parsimoniosa agonía no cabían
pretensiones de ninguna clase, se revelaron como eran a solas consigo
mismos, al desnudo. A pesar de eso, o tal vez por eso, llegaron a
quererse con un cariño diáfano y desesperado que requería una
separación,. porque no habría resistido el desgaste irremediable de lo
cotidiano.
—Tuvimos una amistad rara —dijo Alma.
—Nathaniel estaba tan agradecido de que los dos estuviéramos con él,.
que una vez me pidió que me casara contigo cuando enviudaras. No
quería dejarte desamparada.
—¡Qué idea genial!. ¿Por qué no me lo propusiste, Lenny?. Habríamos
hecho buena pareja. Nos habríamos acompañado y guardado las
espaldas, como Nathaniel y yo.
—Soy gay, Alma.
—Nathaniel también. Habríamos tenido un matrimonio blanco, sin
cama;. tú con tu vida amorosa y yo con Ichimei. Muy conveniente, ya que
no podíamos exponer nuestros amores en público.
—Todavía es tiempo. ¿Quieres casarte conmigo, Alma Belasco?.
—Pero ¿no me dijiste que te ibas a morir pronto?. No quiero ser viuda
por segunda vez.
Se echaron a reír con ganas y la risa los animó a ir al comedor a ver si
el menú incluía algo tentador. Lenny ofreció el brazo a Alma y salieron
por el pasillo de vidrio hacia la casa principal,. la antigua mansión del
magnate del chocolate,. sintiéndose envejecidos y contentos,.
preguntándose por qué se habla tanto de tristezas y malestares y no de
la felicidad. «¿Qué hacer con esta felicidad que nos llega sin motivo
especial,. esta felicidad que no requiere nada para existir?»,. preguntó
Alma. Avanzaban con pasos cortos y vacilantes, apoyándose el uno en el
otro,. friolentos, porque estaba terminando el otoño, aturdidos por el
torrente de recuerdos tenaces, recuerdos de amor,. invadidos por esa
felicidad compartida. Alma señaló a Lenny la visión fugaz de unos velos
rosados en el parque., pero estaba oscureciendo y tal vez no era Emily
anunciando una desgracia, sino un espejismo, como tantos en Lark
House.