fr-es  CÉDRATS DE SICILE de LUIGI PIRANDELLO 1/2 Easy
CIDROS DE SICILIA.

Un acto de LUIGI PIRANDELLO.

PERSONAJES: MICUCCIO BONAVINO, tocador de chirimía.

MARTHE MARNIS, madre de Sina.

SINA MARNIS, cantante famosa.

FERDINAND, ayuda de cámara.

DORINA, camarera.

HUÉSPEDES & OTROS SIRVIENTES.

En una ciudad de Italia del norte.
Hoy en día.
La escena representa una antecámara, muy escasamente amueblada: una mesa, algunas sillas.
El rincón a la izquierda del actor está oculto por una cortina.
Unas puertas laterales, a la derecha y a la izquierda.
En el fondo, la puerta principal, acristalada, da a una habitación oscura a través de la cual percibimos una puerta giratoria que da paso a un salón espléndidamente iluminado.
A través de los cristales de la puerta giratoria, se ve una suntuosa mesa puesta.
Es de noche. No hay luz en la habitación. Alguien está roncando detrás de la cortina.
Mientras se levanta el telón, Ferdinand entra por la puerta de la derecha con una lámpara en la mano.
Está en mangas de camisa, pero solo tiene que ponerse la chaqueta de camerero para estar listo para servir la cena.
Va seguido por Micuccio Bonavino, de aspecto campesino, con el cuello de su gabán burdo, subido hasta las orejas, con botas hasta las rodillas, una pequeña bolsa vieja en una mano y en la otra una pequeña maleta vieja y el estuche de un instrumento musical, que casi no puede llevar más, por el frío y el cansancio.
Tan pronto como la habitación es iluminada, ya no se escucha roncar detrás de la cortina.

DORINA pregunta: —¿Quién está ahí?

FERDINAND, poniendo la lampára en la mesa: —¡Eh, Donna! Está aquí el señor Bonviceno.

MICUCCIO, sacudiendo la cabeza para hacer caer de la punta de su nariz una pequeña gota, corrige: —Bonavino, Bona-vino...

DORINA, de detrás de la cortina, bostezando: —¿Y quién es?

FERDINAND: —Un familiar de la señora. (A Micuccio): —¿La señora es su prima?

MICUCCIO, avergonzado, indeciso: —No, a decir verdad no somos parientes. Pero soy Micuccio Bonavino; ella sabe quién soy.

DORINA, muy curiosa aunque somnolienta sale de detrás la mampara: —¿Un pariente de la señora?

FERDINAND, irritado: —Pero veamos, déjame escuchar. (A Micuccio) ¿Solo del mismo pueblo? Entonces, por qué se la pidió, ya que la tía Marthe estaba aqui... (A Donna) Entiendes. Creí que era un pariente, un sobrino. En estas condiciones no puedo recebirlo, mi buen hombre.

MICUCCIO: —¿No puede recibirme? Pero he venido expresamente desde mi pueblo.

FERDINAND: —¿Expresamente? ¿Para qué?.

MICUCCIO: —Para verla.

FERDINAND: —Pero no se viene a ver a la señora a esta hora. No está ahí.

MICUCCIO: —Si el tren llega solo ahora, ¿que puedo hacer yo? ¿Podía decir al tren: Ve un poco más rápido?
(Junta las manos y exclama sonriendo como para convencerle de que sea indulgente) Es un tren. Llega cuando debe llegar. He estado en ese tren desde hace dos días.

DORINA, mirándolo desde arriba: —Se ve.

MICUCCIO: —¡Ah sí! ¿Se ve mucho? ¿Cómo estoy?

DORINA: —Bastante feo, mi buen hombre. No se enfade.

FERDINAND —Yo, no puedo dejarle entrar. Vuelva mañana. La señora está en el teatro ahora mismo.

MICUCCIO: —¿Volver mañana por la mañana? ¿Y a dónde quiere que vaya a esta hora? No conozco a nadie aquí. Si ella no está aquí, la esperaré. ¡Vaya! ¿No puedo esperarla aquí?

FERDINAND: —Le digo que sin su permiso... MICUCCIO: —¿Su permiso? No sabe quién soy... FERDINAND —Precisamente porque no le conozco. No quiero tener problemas por usted.

MICUCCIO, sonriendo con aire de complacencia hace un gesto de que no —No se preocupe.

DORINA, a Ferdinand —¡Es justo la noche! Piensas cuánto tiempo tendrá la señora para ocuparse de él. (A Micuccio) ¿Ve, buen hombre?
(Le muestra el salón todo iluminado) Va a haber una gran fiesta.

MICUCCIO —¡Ah sí! ¿y qué fiesta?

DORINA —Es la velada de honor.

FERDINAND —Y no se terminará hasta mañana al amanecer.

MICUCCIO —Bien. Tanto mejor. Estoy seguro de que cuando Theresa me vea... FERDINAND, a Dorina —¿Entiendes? La llama así, él, Theresa, sencillamente. Me ha preguntado si Theresa la cantante vivía aquí.

MICUCCIO —¿Eh qué? No es cantante. ¿Y su nombre no es Theresa quizás?

DORINA —Pero entonces, ¿la conoce bien?

MICUCCIO —¡Sí la conozco! Crecimos juntos.

FERDINAND —¿Qué hacemos?

DORINA —Déjalo esperar.

MICUCCIO, un poco ofendido —Claro que voy a esperar. ¿Qué significa? No he venido para... FERDINAND—Sientése allí; Yo me lavo las manos. Tengo que preparar la mesa. Se dirige hacia el fondo del salón.

MICUCCIO —¡Esa es buena! Como si yo fuese... Quizás es porque me ve así, por culpa de todo el humo y el polvo que he tomado durante el viaje... Si lo dijera a Theresa cuando regrese del teatro... (Le viene una duda y mira a su alrededor) Disculpe, ¿esta casa de quién es?

DORINA, observandolo y empezando a divertirse —Es nuestra, mientras estámos aqui.

MICUCCIO —¿Y entonces? (Echa un vistazo en el salón) ¿Es grande esta casa?

DORINA —Bastante.

MICUCCIO —Y allí, ¿es un salón?

DORINA —Para la recepción esta noche, se va a cenar allí.

MICUCCIO —¡Oh! Y ¡qué mesa, qué iluminación!

DORINA —Es bonito, ¿verdad?

MICUCCIO, se frota las manos, muy feliz —¡Así que es verdad!

DORINA — ¿El qué?

MICUCCIO —Se dice... ellas son acomodadas.

DORINA —¿Pero Usted sabe quién es Sina Marnis?

MICUCCIO —¿Sina? ¡Ah sí! ahora se llama Sina. La madre Marthe me lo ha escrito. Theresina, claro Theresina: Sina... DORINA —Pero espere... me hace pensar... (Llama a Ferdinand en el salón) ¡Di! Ven Ferdinand... sabes es... el tipo a quien la madre de la señora escribe tan a menudo.

MICUCCIO —Apenas sabe escribir la pobrecita.

DORINA —Sí, sí, Bonavita. Pero... ¡Dominique! ¡Usted se llama Dominique!

MICUCCIO —Dominique o Micuccio, es lo mismo. Decimos Micuccio.

DORINA —Y ha testado enfermo últimamente, ¿verdad?

MICUCCIO —¡Ah! sí, terriblemente, casi me muero... las velas estaban ya encendidas... Dorina —¿Y la señora Marthe le envió un giro? Recuerdo, fuimos al correo juntas.

MICUCCIO —Sí, un giro. Y es precisamente por eso que vine. Está aquí el dinero.

DORINA —¿Lo está llevando de vuelta?

MICUCCIO, perturbado —¿Dinero. ¡nunca! Ni siquiera debe mencionarlo. ¿Pero piensa que tarden en regresar?

DORINA, mirando su reloj —Sí, un poco más... Especialmente esta noche... FERDINAND, volviendo del salón a la puerta de la izquierda con ustensilios, gritando —¡Bueno, felicidades! ¡Bis, bis!

MICUCCIO, sonriendo — ¡Qué voz, um!

FERDINAND, pasando de nuevo — Eh sí... la voz también.

MICUCCIO —Puedo estar orgulloso de ella, es mi obra.

DORINA —¿La voz?

MICUCCIO —La he descubierta yo.

DORINA —¡Ah sí!
(A Ferdinand) Oyes, Ferdinand. Él ha descubierto la voz de la Señora.

MICUCCIO —Yo soy músico.

FERDINAND —¡Ah! Usted es musico. ¿Y qué toca, el trombón?

MICUCCIO niega con un señal del dedo, entonces dice —¿El trombón? No, yo toco el flautín, y soy miembro del coro municipal de mi pueblo.

DORINA —Que se llama... espere, recuerdo... MICUCCIO —Palma, Montechiaro. Cómo quiere que se la llame.

DORINA —Ah, es así: Palma.

FERDINAND —Entonces ¿ha descubierto su voz, Usted?

DORINA —Cuénteme como lo hizo. Escucha, Ferdinand.

MICUCCIO encogiéndose de hombros —¿Cómo he hecho? Cantaba... DORINA —Y usted, inmediatamente siendo músico.

MICUCCIO —No, a decir verdad, no inmediatamente.

FERDINAND —Ha llevado tiempo.

MICUCCIO — Elle chantait toujours... même pour me faire enrager.

DORINA — Ah oui ?

FERDINAND — Pourquoi, par dépit ?

MICUCCIO — Pour ne pas penser à certaines choses.

FERDINAND — Quelles choses ?

MICUCCIO — Des ennuis, des contrariétés, la pauvre. Eh oui, son père venait de mourir. Moi je les aidais, elle et zia Marta. Ma mère ne voulait pas... enfin... DORINA — Vous l'aimiez bien alors ?

MICUCCIO — Moi ? Si j'aimais bien Térésina... Ma mère prétendait que je devais l'abandonner parce qu'elle ne possédait rien, la pauvre petite, orpheline de père qu'elle était, tandis que moi, malgré tout, ma petite place je l'avais à la Chorale.

FERDINAND — Mais rien que ça. Vous étiez fiancés ?

MICUCCIO — À ce moment-là, nos parents ne voulaient pas. Et c'est par mélancolie et dépit que chantait Thérésa.

DORINA — Par exemple ! Et vous alors, vous en avez profité pour... MICUCCIO — Le ciel, je peux le dire : une inspiration du ciel. Personne n'y avait jamais fait attention, même pas moi. Tout à coup, un matin... FERDINAND — Tout de même, ce que c'est que la chance !

MICUCCIO —Je ne l'oublierai jamais. C'était un matin d'avril. Elle chantait à sa fenêtre sous le toit. Elle habitait alors une mansarde.

FERDINAND — Tu comprends ?

DORINA — Et ne va pas le dire.

MICUCCIO — Quel mal y a-t-il à cela ?

DORINA — Bien sûr ! Donc, elle chantait ?

MICUCCIO — Cent mille fois je l'avais entendu chanter ce petit air populaire.

DORINA — Un petit air ?

MICUCCIO — Oui, une musique, je n'y avais jamais fait attention. Mais ce matin-là... il me semblait que c'était un ange qui chantait... oui, un ange ! Alors, sans rien dire à personne, sans la prévenir, sans prévenir sa mère, à la fin de la journée, j'amenai dans leur mansarde le chef d'orchestre de notre chorale qui est un de mes amis. Ah! un grand ami : Saro Malaviti, un si brave homme. Il l'entend. Lui, c'est un maître très coté, et tout le monde le connaît à Palma. Il dit : « Mais ça c'est une voix du ciel ! » Vous imaginez ma joie. Je loue vite un piano. Pour le grimper là-haut dans la mansarde, je ne vous dis que ça, ce ne fut pas simple. J'achète de la musique et le professeur commence sans tarder à lui donner des leçons... gratis, le pauvre se contentant des quelques petits cadeaux que je pouvais lui faire de loin en loin — qui étais-je moi ? Ce que je suis toujours : un pauvre homme. Le piano était cher, la musique était chère et il fallait que Térésina fût bien nourrie.

FERDINAND — Naturellement.

DORINA — Pour avoir la force de chanter.

MICUCCIO — Tous les jours de la viande. Je peux vous le dire.

FERDINAND — Diable !

DORINA — Et alors ?

MICUCCIO — Elle commença à apprendre. Et à partir de ce moment... elle habitait là-haut au paradis, on entendit dans tout le village la belle voix... le monde sous les fenêtres dans la rue à l'écouter... elle brûlait de contentement et quand elle avait fini de chanter, elle me prenait par le bras et me secouait comme une folle. Car, déjà, elle savait, elle sentait ce qu'elle allait devenir et le maître alors le disait aussi. Et elle ne savait comment me prouver sa gratitude. Sa mère, au contraire, la pauvre... DORINA — Elle ne voulait pas ?

MICUCCIO — Ce n'était pas qu'elle ne voulût pas, mais elle n'y croyait pas. Elle en avait tant vu dans sa vie, la pauvre vieille qu'elle n'aurait même pas voulu que l'espoir de sortir de l'humble condition à laquelle elle s'était résignée pût traverser l'esprit de sa fille. Elle avait peur, voilà ! Et puis, elle savait ce que ça me coûtait et que mes parents... Mais moi je rompis avec tout le monde, avec mon père et avec ma mère, le jour où un maître du dehors, très renommé (je ne sais plus son nom) vint à Palma et déclara que c'était un véritable crime de ne pas lui faire continuer ses études dans une grande ville... dans un conservatoire... je pris feu, je me fâchai avec tout le monde; je vendis le champ que m'avait laissé en mourant un de mes oncles, le curé et j'envoyai Thérésa à Naples, au Conservatoire.

FERDINAND — Vous ?

MICUCCIO — Oui, moi !

DORINA, à Ferdinand — À ses frais, tu comprends ?

MICUCCIO — Pendant quatre ans je l'ai entretenue en payant tous les frais de ses études. Quatre, vous entendez ! Depuis, je ne l'ai plus revue.

DORINA — Jamais ?

MICUCCIO — Jamais. Parce qu'après, elle s'est mise à chanter dans les théâtres, à droite, à gauche.
Après qu'elle eut pris son essor, de Naples à Rome, de Rome à Milan et puis en Espagne... et puis en Russie et de nouveau ici.

FERDINAND — Elle fait fureur.

MICUCCIO — Eh, je le sais. Je les ai tous là dans la valise, les journaux et j'ai aussi les lettres... (Il tire de sa poche un paquet de lettres) Les siennes et celles de sa mère. Les voici... Voici ses propres paroles quand elle m'envoya l'argent... et que j'étais à la mort... « Mon cher Micuccio, je n'ai pas le temps de t'écrire, mais je te confirme tout ce que te dit ma mère. Soigne-toi. Remets-toi vite. Et aime-moi bien. Térésina. » FERDINAND — Elle vous a envoyé beaucoup ?

DORINA — Mille francs, je crois ?

MICUCCIO — Oui, mille.

FERDINAND — Et votre champ ? Celui que vous avez vendu, il valait combien ?

MICUCCIO — Mais qu'est-ce que ça pouvait valoir ? Pas grand-chose. Une petite terre.

FERDINAND, se retournant vers Donna —Ah !...

MICUCCIO — Mais je l'ai ici, moi, l'argent. Je ne veux rien, moi. Le peu que j'ai fait, je l'ai fait pour elle ! Nous étions d'accord pour attendre deux-trois ans, afin qu'elle puisse faire son chemin. Et madame Marthe me l'a toujours répété dans ses lettres. Pour dire la vérité, voilà : cet argent, je ne l'attendais pas trop. Mais si Thérèse me l'a envoyé c'est qu'elle en a trop et que son chemin, elle l'a précisément déjà fait.

FERDINAND — Je crois bien ! Et quel chemin, mon bonhomme !

MICUCCIO — Par conséquent..., le moment est venu... DORINA — De se marier ?

MICUCCIO — Me voilà !

FERDINAND — Vous êtes venu pour épouser Sina Marnis ?

DORINA — Tais-toi donc ! Puisqu'ils sont fiancés. Tu ne comprends rien. Bien sûr pour l'épouser !

MICUCCIO —Je ne dis rien. Je dis simplement : me voilà ! J'ai planté tout le monde là-bas, au village : la famille, la musique, tous ! Je me suis disputé avec les miens à cause de ces mille lires qui sont arrivées à mon nom, quand j'étais si malade. J'ai dû les arracher des mains de ma mère qui voulait les garder. Ah non, messieurs, pas question d'argent avec Micuccio Bonavino, pas question ! Où que je sois, même au bout du monde, j'ai mon art, je ne serai pas à charge, j'ai mon octavin, là... DORINA — Ah oui ? Et vous l'avez apporté, votre octavin ?

MICUCCIO — Naturellement. Nous faisons une seule et même chose lui et moi.

FERDINAND — Elle chante et il joue, tu comprends ?

MICUCCIO — Je pourrais parfaitement jouer à l'orchestre.

FERDINAND — Mais sûrement, pourquoi pas ?

DORINA — Et vous devez bien jouer, j'imagine ?

MICUCCIO — Mon Dieu, à peu près ! Je joue depuis dix ans déjà.

FERDINAND — Si vous nous faisiez entendre quelque chose.
(Il va chercher l'étui de l'instrument).

DORINA — Oh ! bravo, bravo, faites-nous entendre quelque chose.

MICUCCIO — Mais non, que voulez-vous entendre à cette heure-ci ?

DORINA — Quelque petite chose ! Soyez gentil !

FERDINAND — Un tout petit air !

MICUCCIO — Mais non, mais non !

FERDINAND — Ne vous faites pas prier.
(Il ouvre l'étui et en tire l'instrument) Le voilà !

DORINA — Allons, juste pour que nous sachions comment vous jouez.

MICUCCIO — Mais ce n'est pas possible... comme cela... tout seul... DORINA — Mais ça ne fait rien, juste un peu.

FERDINAND — Sinon, c'est moi qui joue.

MICUCCIO — Allons, puisque vous insistez. Je vais vous jouer l'air que chantait Thérèse dans sa mansarde, ce jour-là.

FERDINAND et DORINA — Oui, oui, bravo! Celui-là !
Micuccio s'assied et se met à jouer avec un grand sérieux. Ferdinand et Dorina font de grands efforts pour ne pas rire. L'autre valet, le cuisinier, viennent aussi écouter, à qui Ferdinand et Dorina font des signes de se taire.Le jeu de Micaccio est interrompu par un fort coup de sonnette.

FERDINAND — Voilà Madame !

DORINA, à l'autre valet — Allez vite ouvrir.
(Au cuisinier et aux autres.)
Et vous autres, dépêchez-vous. Madame a dit qu'elle voulait souper tout de suite en rentrant. Le valet, le cuisinier et le plongeur disparaissent.

FERDINAND — Qu'est-ce que j'ai fait de ma veste ?

DORINA — De l'autre côté.
Elle fait signe derrière le rideau et se retire en courant. Micuccio se lève, son instrument à la main, égaré. Ferdinand cherche sa veste, l'endosse vivement, puis voyant que Micuccio se dirige,lui aussi, avec Donna, il l'arrête brutalement.

FERDINAND — Vous, restez là. Il faut d'abord que je prévienne Madame.
Ferdinand parti, Micuccio demeure découragé, confus, avec un pressentiment douloureux.

Fin de la première partie.
unit 1
CÉDRATS DE SICILE.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 2
Un acte de LUIGI PIRANDELLO.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 3
PERSONNAGES : MICUCCIO BONAVINO, joueur de flageolet.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 4
MARTHE MARNIS, mère de Sina.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 5
SINA MARNIS, chanteuse célèbre.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 6
FERDINAND, valet de chambre.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 7
DORINA, femme de chambre.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 8
INVITÉS & D'AUTRES SERVITEURS.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 9
Dans une ville de l'Italie du Nord.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 10
De nos jours.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 11
La scène représente une antichambre, très peu meublée : une table, quelques chaises.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 12
Le coin à gauche de l'acteur est caché par un rideau.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 13
Des portes latérales, à droite et à gauche.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 15
À travers les vitres de la porte à tambour, on voit une somptueuse table dressée.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 16
Il fait nuit.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 17
La chambre n'est pas éclairée.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 18
Quelqu'un ronfle derrière le rideau.
1 Translations, 3 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 19
Pendant le lever du rideau, Ferdinand entre par la porte de droite avec une lampe à la main.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 3 weeks, 2 days ago
unit 22
Dès que la chambre est éclairée, on n'entend plus ronfler derrière le rideau.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 23
DORINA demande — Qui est là ?
3 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 24
FERDINAND, posant la lampe sur la table — Eh, Donna !
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 25
Il y a ici monsieur Bonviceno.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 27
DORINA, de derrière le rideau, en un bâillement — Et qui est-ce ?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 28
FERDINAND — Un parent de Madame.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 29
(A Micuccio) Madame est votre cousine ?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 30
MICUCCIO, embarrassé, hésitant — Non, à vrai dire nous ne sommes pas parents.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 31
Mais je suis Micuccio Bonavino : elle sait qui je suis.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 32
DORINA, très curieuse bien qu'ensommeillée sort de la portière — Un parent de Madame ?
3 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 33
FERDINAND, irrité — Mais, voyons, laisse-moi écouter.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 34
(A Micuccio) Seulement du même village ?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 35
unit 36
J'ai cru un parent, un neveu.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 37
Dans ces conditions, je ne peux pas vous recevoir, mon brave.
3 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks ago
unit 38
MICUCCIO — Vous ne pouvez pas me recevoir ?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 39
Mais je viens tout exprès de mon village.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 40
FERDINAND — Exprès ?
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 41
Pour quoi faire ?
3 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 42
MICUCCIO — Pour la voir.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 43
FERDINAND — Mais on ne vient pas voir Madame à cette heure-ci.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 44
Elle n'est pas là.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 45
MICUCCIO — Si le train arrive seulement maintenant, qu'est-ce que j'y peux, moi ?
3 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 46
Est-ce que je pouvais dire au train : Va un peu plus vite.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 47
unit 48
Il arrive quand il doit arriver.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 49
Il y a deux jours que je suis dans ce train.
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 50
DORINA, le toisant — Ça se voit.
3 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 51
MICUCCIO — Ah oui !
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 52
Ça se voit beaucoup ?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 53
Je suis comment ?
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 54
DORINA — Plutôt vilain, mon brave.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 55
Ne vous fâchez pas.
1 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 56
FERDINAND — Moi, je ne peux pas vous laisser entrer.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 57
Revenez demain matin.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 58
Madame est au théâtre en ce moment.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 59
MICUCCIO — Revenir demain matin ?
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 60
Et où voulez-vous que j'aille à cette heure-ci ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 61
Je ne connais personne ici.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 62
Si elle n'est pas là, je l'attendrai.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 2 days ago
unit 63
Par exemple !
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 64
Je ne peux pas l'attendre ici ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 65
FERDINAND —Je vous dis que sans sa permission... MICUCCIO — Sa permission ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 2 weeks, 3 days ago
unit 66
Vous ne me connaissez pas... FERDINAND — Justement parce que je ne vous connais pas.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 67
Je ne veux pas me faire attraper pour vous.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 68
MICUCCIO, souriant avec un air de suffisance lui fait signe que non — Soyez tranquille.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 69
DORINA, à Ferdinand — C'est vraiment le soir !
2 Translations, 2 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 70
Tu penses comme Madame aura le temps de s'occuper de lui.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 71
(A Micuccio) Vous voyez, brave homme ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 72
(Elle lui montre le salon tout illuminé) Il va y avoir une grande fête.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 73
MICUCCIO — Ah oui !
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 74
et quelle fête ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 75
DORINA — C'est la soirée d'honneur.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 76
FERDINAND — Et ce ne sera pas fini avant l'aube demain.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 77
MICUCCIO — Bon.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 78
Tant mieux.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 79
Je suis sûr que quand Thérésa me verra... FERDINAND, à Dorina — Tu comprends ?
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 80
Il l'appelle comme ça, lui, Thérésa, simplement.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 81
Il m'a demandé si Thérésa la chanteuse habitait ici.
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 82
MICUCCIO — Eh quoi ?
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 83
Elle n'est pas chanteuse.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 84
Et son nom n'est pas Thérésa peut-être ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 85
DORINA — Mais alors, vous la connaissez vraiment bien ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 86
MICUCCIO — Si je la connais !
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 87
Nous avons grandi ensemble.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 88
FERDINAND — Qu'est-ce que nous faisons ?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 89
DORINA — Laisse-le donc attendre.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 90
MICUCCIO, un peu froissé — Bien sûr que j'attendrai.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 91
Qu'est-ce que ça veut dire ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 92
Je ne suis pas venu pour... FERDINAND —Asseyez-vous là ; moi, je m'en lave les mains.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 93
Je dois préparer la table.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 94
Il se dirige vers le fond du salon.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 95
MICUCCIO — Elle est bonne celle-là !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 97
DORINA, l'observant et commençant à s'amuser— Elle est à nous, tant que nous y sommes.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 98
MICUCCIO — Et alors ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 99
(Il jette un regard dans le salon) Elle est grande cette maison ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 100
DORINA — Assez.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 101
MICUCCIO — Et là-bas, c'est un salon ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 102
DORINA — Pour la réception, cette nuit, on va y souper.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 103
MICUCCIO — Oh !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 104
Et quelle tablée, quel éclairage !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 105
DORINA — C'est beau, n'est-ce pas ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 106
MICUCCIO, se frotte les mains, tout content — C'est donc vrai !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 107
DORINA — Quoi donc ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 108
MICUCCIO — On le dit... elles sont à leur aise.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 109
DORINA — Mais vous savez qui est Sina Marnis ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 110
MICUCCIO — Sina ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 111
Ah oui !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 112
maintenant on l'appelle Sina.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 113
La mère Marthe me l'a écrit.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 5 days ago
unit 115
viens Ferdinand... tu sais c'est... celui à qui écrit si souvent la mère de Madame.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 4 days ago
unit 116
MICUCCIO — Elle sait à peine écrire la pauvre.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 4 days ago
unit 117
DORINA — Oui, oui, Bonavita.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 4 days ago
unit 118
Mais... Dominique !
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 119
Vous vous appelez Dominique !
2 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 120
MICUCCIO — Dominique ou Micuccio, c'est la même chose.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 4 days ago
unit 121
Nous disons Micuccio.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 week, 4 days ago
unit 122
DORINA — Et vous avez été malade dernièrement, n'est-ce pas ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 123
MICUCCIO — Ah !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 125
Je me rappelle, nous sommes allées ensemble à la poste.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 126
MICUCCIO — Oui, un mandat.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 127
Et c'est même pour cela que je suis venu.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 128
Il est là l'argent.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 129
DORINA — Vous le lui rapportez ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 130
MICUCCIO, se troublant — De l'argent ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 131
jamais !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 132
Il n'en faut même pas parler.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 133
Mais vous pensez qu'elles tarderont beaucoup à revenir ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 3 days ago
unit 135
Bis, bis !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 136
MICUCCIO, souriant — Quelle voix, hum !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 137
FERDINANT, repassant — Eh oui... la voix aussi.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 138
MICUCCIO — Je peux en être fier, c'est mon œuvre.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 139
DORINA — La voix ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 140
MICUCCIO — C'est moi qui l'ai découverte.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 141
DORINA — Ah oui !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 142
(A Ferdinand) Tu entends, Ferdinand.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 143
C'est lui qui a découvert la voix de Madame.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 144
MICUCCIO — Moi, je suis musicien.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 145
FERDINAND — Ah !
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 146
vous êtes musicien.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 147
Et vous jouez de quoi, du trombone ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 148
MICUCCIO nie d'un signe de doigt, puis il dit — Du trombone ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 149
Non, je joue de « l'octavin », moi, et je fais partie de la Chorale municipale de mon village.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 150
DORINA — Qui s'appelle... attendez, je me rappelle... MICUCCIO — Palma, Montechiaro.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 151
Comment voulez-vous qu'elle s'appelle.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 152
DORINA — Ah, c'est ça : Palma.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 153
FERDINAND — C'est donc vous qui avez découvert sa voix ?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 154
DORINA — Allons, dites-nous comment vous avez fait.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 155
Écoute, Ferdinand.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 2 days ago
unit 156
MICUCCIO haussant les épaules — Comment j'ai fait?
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 157
Elle chantait... DORINA — Et vous, tout de suite... étant musicien.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 158
MICUCCIO — Non, à vrai dire, pas tout de suite.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 159
FERDINAND — II a fallu du temps.
1 Translations, 0 Upvotes, Last Activity 1 week, 1 day ago
unit 161
DORINA — Ah oui ?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 166
Eh oui, son père venait de mourir.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 167
Moi je les aidais, elle et zia Marta.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 177
Personne n'y avait jamais fait attention, même pas moi.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 193
Ah!
unit 204
FERDINAND — Naturellement.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 221
DORINA, à Ferdinand — À ses frais, tu comprends ?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 225
DORINA — Jamais ?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 233
Soigne-toi.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 237
» FERDINAND — Elle vous a envoyé beaucoup ?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 242
MICUCCIO — Mais qu'est-ce que ça pouvait valoir ?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 246
MICUCCIO — Mais je l'ai ici, moi, l'argent.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 251
Pour dire la vérité, voilà : cet argent, je ne l'attendais pas trop.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 259
Puisqu'ils sont fiancés.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 260
Tu ne comprends rien.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 269
Et vous l'avez apporté, votre octavin ?
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 289
DORINA — Allons, juste pour que nous sachions comment vous jouez.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 291
FERDINAND — Sinon, c'est moi qui joue.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 292
MICUCCIO — Allons, puisque vous insistez.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 300
DORINA, à l'autre valet — Allez vite ouvrir.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
unit 303
Madame a dit qu'elle voulait souper tout de suite en rentrant.
0 Translations, 0 Upvotes, Last Activity None
terehola • 3380  commented on  unit 82  1 week, 2 days ago
marina • 414  translated  unit 131  1 week, 3 days ago
terehola • 3380  commented on  unit 119  1 week, 4 days ago
marina • 414  translated  unit 111  1 week, 5 days ago
marina • 414  commented on  unit 57  2 weeks, 2 days ago
marina • 414  translated  unit 63  2 weeks, 3 days ago
marina • 414  commented on  unit 25  2 weeks, 3 days ago
marina • 414  commented on  unit 22  2 weeks, 3 days ago

CÉDRATS DE SICILE.

Un acte de LUIGI PIRANDELLO.

PERSONNAGES : MICUCCIO BONAVINO, joueur de flageolet.

MARTHE MARNIS, mère de Sina.

SINA MARNIS, chanteuse célèbre.

FERDINAND, valet de chambre.

DORINA, femme de chambre.

INVITÉS & D'AUTRES SERVITEURS.

Dans une ville de l'Italie du Nord.
De nos jours.
La scène représente une antichambre, très peu meublée : une table, quelques chaises.
Le coin à gauche de l'acteur est caché par un rideau.
Des portes latérales, à droite et à gauche.
Au fond, la porte principale, vitrée, donne sur une pièce sombre à travers laquelle on aperçoit une porte à tambour qui donne sur un salon splendidement éclairé.
À travers les vitres de la porte à tambour, on voit une somptueuse table dressée.
Il fait nuit. La chambre n'est pas éclairée. Quelqu'un ronfle derrière le rideau.
Pendant le lever du rideau, Ferdinand entre par la porte de droite avec une lampe à la main.
Il est en manches de chemise, mais il n'a qu'à endosser sa veste de garçon pour être prêt à servir le dîner.
Il est suivi par Micuccio Bonavino, d'aspect paysan, le col de son pardessus grossier, remonté jusqu'aux oreilles, des bottes jusqu'aux genoux, un vieux petit sac dans une main et dans l'autre une vieille petite valise et l'étui d'un instrument de musique, qu'il ne peut presque plus porter, à cause du froid et de la fatigue.
Dès que la chambre est éclairée, on n'entend plus ronfler derrière le rideau.

DORINA demande — Qui est là ?

FERDINAND, posant la lampe sur la table — Eh, Donna ! Il y a ici monsieur Bonviceno.

MICUCCIO, secouant la tête pour faire tomber du bout de son nez une petite goutte, corrige — Bonavino, Bona-vino.

DORINA, de derrière le rideau, en un bâillement — Et qui est-ce ?

FERDINAND — Un parent de Madame. (A Micuccio) Madame est votre cousine ?

MICUCCIO, embarrassé, hésitant — Non, à vrai dire nous ne sommes pas parents. Mais je suis Micuccio Bonavino : elle sait qui je suis.

DORINA, très curieuse bien qu'ensommeillée sort de la portière — Un parent de Madame ?

FERDINAND, irrité — Mais, voyons, laisse-moi écouter. (A Micuccio) Seulement du même village ? Alors, pourquoi l'avez-vous demandée, puisque la tante Marthe était là... (A Donna) Tu comprends. J'ai cru un parent, un neveu. Dans ces conditions, je ne peux pas vous recevoir, mon brave.

MICUCCIO — Vous ne pouvez pas me recevoir ? Mais je viens tout exprès de mon village.

FERDINAND — Exprès ? Pour quoi faire ?

MICUCCIO — Pour la voir.

FERDINAND — Mais on ne vient pas voir Madame à cette heure-ci. Elle n'est pas là.

MICUCCIO — Si le train arrive seulement maintenant, qu'est-ce que j'y peux, moi ? Est-ce que je pouvais dire au train : Va un peu plus vite.
(Il joint les mains et s'écrie en souriant comme pour le persuader d'être indulgent) C'est un train. Il arrive quand il doit arriver. Il y a deux jours que je suis dans ce train.

DORINA, le toisant — Ça se voit.

MICUCCIO — Ah oui ! Ça se voit beaucoup ? Je suis comment ?

DORINA — Plutôt vilain, mon brave. Ne vous fâchez pas.

FERDINAND — Moi, je ne peux pas vous laisser entrer. Revenez demain matin. Madame est au théâtre en ce moment.

MICUCCIO — Revenir demain matin ? Et où voulez-vous que j'aille à cette heure-ci ? Je ne connais personne ici. Si elle n'est pas là, je l'attendrai. Par exemple ! Je ne peux pas l'attendre ici ?

FERDINAND —Je vous dis que sans sa permission...

MICUCCIO — Sa permission ? Vous ne me connaissez pas...

FERDINAND — Justement parce que je ne vous connais pas. Je ne veux pas me faire attraper pour vous.

MICUCCIO, souriant avec un air de suffisance lui fait signe que non — Soyez tranquille.

DORINA, à Ferdinand — C'est vraiment le soir ! Tu penses comme Madame aura le temps de s'occuper de lui. (A Micuccio) Vous voyez, brave homme ?
(Elle lui montre le salon tout illuminé) Il va y avoir une grande fête.

MICUCCIO — Ah oui ! et quelle fête ?

DORINA — C'est la soirée d'honneur.

FERDINAND — Et ce ne sera pas fini avant l'aube demain.

MICUCCIO — Bon. Tant mieux. Je suis sûr que quand Thérésa me verra...

FERDINAND, à Dorina — Tu comprends ? Il l'appelle comme ça, lui, Thérésa, simplement. Il m'a demandé si Thérésa la chanteuse habitait ici.

MICUCCIO — Eh quoi ? Elle n'est pas chanteuse. Et son nom n'est pas Thérésa peut-être ?

DORINA — Mais alors, vous la connaissez vraiment bien ?

MICUCCIO — Si je la connais ! Nous avons grandi ensemble.

FERDINAND — Qu'est-ce que nous faisons ?

DORINA — Laisse-le donc attendre.

MICUCCIO, un peu froissé — Bien sûr que j'attendrai. Qu'est-ce que ça veut dire ? Je ne suis pas venu pour...

FERDINAND —Asseyez-vous là ; moi, je m'en lave les mains. Je dois préparer la table. Il se dirige vers le fond du salon.

MICUCCIO — Elle est bonne celle-là ! Comme si j'étais... C'est peut-être parce que vous me voyez ainsi, à cause de toute la fumée et de toute la poussière que j'ai prise en voyage... Si vous le disiez à Thérésa quand elle reviendra du théâtre...
(Il lui vient un doute et il regarde autour de lui) Pardon, cette maison à qui est-elle ?

DORINA, l'observant et commençant à s'amuser— Elle est à nous, tant que nous y sommes.

MICUCCIO — Et alors ? (Il jette un regard dans le salon) Elle est grande cette maison ?

DORINA — Assez.

MICUCCIO — Et là-bas, c'est un salon ?

DORINA — Pour la réception, cette nuit, on va y souper.

MICUCCIO — Oh ! Et quelle tablée, quel éclairage !

DORINA — C'est beau, n'est-ce pas ?

MICUCCIO, se frotte les mains, tout content — C'est donc vrai !

DORINA — Quoi donc ?

MICUCCIO — On le dit... elles sont à leur aise.

DORINA — Mais vous savez qui est Sina Marnis ?

MICUCCIO — Sina ? Ah oui ! maintenant on l'appelle Sina. La mère Marthe me l'a écrit. Térésina, bien sûr Térésina : Sina...

DORINA — Mais attendez... vous m'y faites penser...
(Elle appelle Ferdinand au salon) Dis ! viens Ferdinand... tu sais c'est... celui à qui écrit si souvent la mère de Madame.

MICUCCIO — Elle sait à peine écrire la pauvre.

DORINA — Oui, oui, Bonavita. Mais... Dominique ! Vous vous appelez Dominique !

MICUCCIO — Dominique ou Micuccio, c'est la même chose. Nous disons Micuccio.

DORINA — Et vous avez été malade dernièrement, n'est-ce pas ?

MICUCCIO — Ah ! oui, terriblement, j'ai failli mourir... on avait déjà allumé les cierges...

DORINA — Et madame Marthe vous a envoyé un mandat ? Je me rappelle, nous sommes allées ensemble à la poste.

MICUCCIO — Oui, un mandat. Et c'est même pour cela que je suis venu. Il est là l'argent.

DORINA — Vous le lui rapportez ?

MICUCCIO, se troublant — De l'argent ? jamais ! Il n'en faut même pas parler. Mais vous pensez qu'elles tarderont beaucoup à revenir ?

DORINA, regardant sa montre — Oui, encore un moment... Ce soir surtout...

FERDINAND, repassant du salon à la porte de gauche avec des ustensiles, criant — Bien, bravo ! Bis, bis !

MICUCCIO, souriant — Quelle voix, hum !

FERDINANT, repassant — Eh oui... la voix aussi.

MICUCCIO — Je peux en être fier, c'est mon œuvre.

DORINA — La voix ?

MICUCCIO — C'est moi qui l'ai découverte.

DORINA — Ah oui !
(A Ferdinand)
Tu entends, Ferdinand. C'est lui qui a découvert la voix de Madame.

MICUCCIO — Moi, je suis musicien.

FERDINAND — Ah ! vous êtes musicien. Et vous jouez de quoi, du trombone ?

MICUCCIO nie d'un signe de doigt, puis il dit — Du trombone ? Non, je joue de « l'octavin », moi, et je fais partie de la Chorale municipale de mon village.

DORINA — Qui s'appelle... attendez, je me rappelle...

MICUCCIO — Palma, Montechiaro. Comment voulez-vous qu'elle s'appelle.

DORINA — Ah, c'est ça : Palma.

FERDINAND — C'est donc vous qui avez découvert sa voix ?

DORINA — Allons, dites-nous comment vous avez fait. Écoute, Ferdinand.

MICUCCIO haussant les épaules — Comment j'ai fait? Elle chantait...

DORINA — Et vous, tout de suite... étant musicien.

MICUCCIO — Non, à vrai dire, pas tout de suite.

FERDINAND — II a fallu du temps.

MICUCCIO — Elle chantait toujours... même pour me faire enrager.

DORINA — Ah oui ?

FERDINAND — Pourquoi, par dépit ?

MICUCCIO — Pour ne pas penser à certaines choses.

FERDINAND — Quelles choses ?

MICUCCIO — Des ennuis, des contrariétés, la pauvre. Eh oui, son père venait de mourir. Moi je les aidais, elle et zia Marta. Ma mère ne voulait pas... enfin...

DORINA — Vous l'aimiez bien alors ?

MICUCCIO — Moi ? Si j'aimais bien Térésina... Ma mère prétendait que je devais l'abandonner parce qu'elle ne possédait rien, la pauvre petite, orpheline de père qu'elle était, tandis que moi, malgré tout, ma petite place je l'avais à la Chorale.

FERDINAND — Mais rien que ça. Vous étiez fiancés ?

MICUCCIO — À ce moment-là, nos parents ne voulaient pas. Et c'est par mélancolie et dépit que chantait Thérésa.

DORINA — Par exemple ! Et vous alors, vous en avez profité pour...

MICUCCIO — Le ciel, je peux le dire : une inspiration du ciel. Personne n'y avait jamais fait attention, même pas moi. Tout à coup, un matin...

FERDINAND — Tout de même, ce que c'est que la chance !

MICUCCIO —Je ne l'oublierai jamais. C'était un matin d'avril. Elle chantait à sa fenêtre sous le toit. Elle habitait alors une mansarde.

FERDINAND — Tu comprends ?

DORINA — Et ne va pas le dire.

MICUCCIO — Quel mal y a-t-il à cela ?

DORINA — Bien sûr ! Donc, elle chantait ?

MICUCCIO — Cent mille fois je l'avais entendu chanter ce petit air populaire.

DORINA — Un petit air ?

MICUCCIO — Oui, une musique, je n'y avais jamais fait attention. Mais ce matin-là... il me semblait que c'était un ange qui chantait... oui, un ange ! Alors, sans rien dire à personne, sans la prévenir, sans prévenir sa mère, à la fin de la journée, j'amenai dans leur mansarde le chef d'orchestre de notre chorale qui est un de mes amis. Ah! un grand ami : Saro Malaviti, un si brave homme. Il l'entend. Lui, c'est un maître très coté, et tout le monde le connaît à Palma. Il dit : « Mais ça c'est une voix du ciel ! » Vous imaginez ma joie. Je loue vite un piano. Pour le grimper là-haut dans la mansarde, je ne vous dis que ça, ce ne fut pas simple. J'achète de la musique et le professeur commence sans tarder à lui donner des leçons... gratis, le pauvre se contentant des quelques petits cadeaux que je pouvais lui faire de loin en loin — qui étais-je moi ? Ce que je suis toujours : un pauvre homme. Le piano était cher, la musique était chère et il fallait que Térésina fût bien nourrie.

FERDINAND — Naturellement.

DORINA — Pour avoir la force de chanter.

MICUCCIO — Tous les jours de la viande. Je peux vous le dire.

FERDINAND — Diable !

DORINA — Et alors ?

MICUCCIO — Elle commença à apprendre. Et à partir de ce moment... elle habitait là-haut au paradis, on entendit dans tout le village la belle voix... le monde sous les fenêtres dans la rue à l'écouter... elle brûlait de contentement et quand elle avait fini de chanter, elle me prenait par le bras et me secouait comme une folle. Car, déjà, elle savait, elle sentait ce qu'elle allait devenir et le maître alors le disait aussi. Et elle ne savait comment me prouver sa gratitude. Sa mère, au contraire, la pauvre...

DORINA — Elle ne voulait pas ?

MICUCCIO — Ce n'était pas qu'elle ne voulût pas, mais elle n'y croyait pas. Elle en avait tant vu dans sa vie, la pauvre vieille qu'elle n'aurait même pas voulu que l'espoir de sortir de l'humble condition à laquelle elle s'était résignée pût traverser l'esprit de sa fille. Elle avait peur, voilà ! Et puis, elle savait ce que ça me coûtait et que mes parents... Mais moi je rompis avec tout le monde, avec mon père et avec ma mère, le jour où un maître du dehors, très renommé (je ne sais plus son nom) vint à Palma et déclara que c'était un véritable crime de ne pas lui faire continuer ses études dans une grande ville... dans un conservatoire... je pris feu, je me fâchai avec tout le monde; je vendis le champ que m'avait laissé en mourant un de mes oncles, le curé et j'envoyai Thérésa à Naples, au Conservatoire.

FERDINAND — Vous ?

MICUCCIO — Oui, moi !

DORINA, à Ferdinand — À ses frais, tu comprends ?

MICUCCIO — Pendant quatre ans je l'ai entretenue en payant tous les frais de ses études. Quatre, vous entendez ! Depuis, je ne l'ai plus revue.

DORINA — Jamais ?

MICUCCIO — Jamais. Parce qu'après, elle s'est mise à chanter dans les théâtres, à droite, à gauche.
Après qu'elle eut pris son essor, de Naples à Rome, de Rome à Milan et puis en Espagne... et puis en Russie et de nouveau ici.

FERDINAND — Elle fait fureur.

MICUCCIO — Eh, je le sais. Je les ai tous là dans la valise, les journaux et j'ai aussi les lettres... (Il tire de sa poche un paquet de lettres) Les siennes et celles de sa mère. Les voici... Voici ses propres paroles quand elle m'envoya l'argent... et que j'étais à la mort... « Mon cher Micuccio, je n'ai pas le temps de t'écrire, mais je te confirme tout ce que te dit ma mère. Soigne-toi. Remets-toi vite. Et aime-moi bien. Térésina. »

FERDINAND — Elle vous a envoyé beaucoup ?

DORINA — Mille francs, je crois ?

MICUCCIO — Oui, mille.

FERDINAND — Et votre champ ? Celui que vous avez vendu, il valait combien ?

MICUCCIO — Mais qu'est-ce que ça pouvait valoir ? Pas grand-chose. Une petite terre.

FERDINAND, se retournant vers Donna —Ah !...

MICUCCIO — Mais je l'ai ici, moi, l'argent. Je ne veux rien, moi. Le peu que j'ai fait, je l'ai fait pour elle ! Nous étions d'accord pour attendre deux-trois ans, afin qu'elle puisse faire son chemin. Et madame Marthe me l'a toujours répété dans ses lettres. Pour dire la vérité, voilà : cet argent, je ne l'attendais pas trop. Mais si Thérèse me l'a envoyé c'est qu'elle en a trop et que son chemin, elle l'a précisément déjà fait.

FERDINAND — Je crois bien ! Et quel chemin, mon bonhomme !

MICUCCIO — Par conséquent..., le moment est venu...

DORINA — De se marier ?

MICUCCIO — Me voilà !

FERDINAND — Vous êtes venu pour épouser Sina Marnis ?

DORINA — Tais-toi donc ! Puisqu'ils sont fiancés. Tu ne comprends rien. Bien sûr pour l'épouser !

MICUCCIO —Je ne dis rien. Je dis simplement : me voilà ! J'ai planté tout le monde là-bas, au village : la famille, la musique, tous ! Je me suis disputé avec les miens à cause de ces mille lires qui sont arrivées à mon nom, quand j'étais si malade. J'ai dû les arracher des mains de ma mère qui voulait les garder. Ah non, messieurs, pas question d'argent avec Micuccio Bonavino, pas question ! Où que je sois, même au bout du monde, j'ai mon art, je ne serai pas à charge, j'ai mon octavin, là...

DORINA — Ah oui ? Et vous l'avez apporté, votre octavin ?

MICUCCIO — Naturellement. Nous faisons une seule et même chose lui et moi.

FERDINAND — Elle chante et il joue, tu comprends ?

MICUCCIO — Je pourrais parfaitement jouer à l'orchestre.

FERDINAND — Mais sûrement, pourquoi pas ?

DORINA — Et vous devez bien jouer, j'imagine ?

MICUCCIO — Mon Dieu, à peu près ! Je joue depuis dix ans déjà.

FERDINAND — Si vous nous faisiez entendre quelque chose.
(Il va chercher l'étui de l'instrument).

DORINA — Oh ! bravo, bravo, faites-nous entendre quelque chose.

MICUCCIO — Mais non, que voulez-vous entendre à cette heure-ci ?

DORINA — Quelque petite chose ! Soyez gentil !

FERDINAND — Un tout petit air !

MICUCCIO — Mais non, mais non !

FERDINAND — Ne vous faites pas prier.
(Il ouvre l'étui et en tire l'instrument) Le voilà !

DORINA — Allons, juste pour que nous sachions comment vous jouez.

MICUCCIO — Mais ce n'est pas possible... comme cela... tout seul...

DORINA — Mais ça ne fait rien, juste un peu.

FERDINAND — Sinon, c'est moi qui joue.

MICUCCIO — Allons, puisque vous insistez. Je vais vous jouer l'air que chantait Thérèse dans sa mansarde, ce jour-là.

FERDINAND et DORINA — Oui, oui, bravo! Celui-là !
Micuccio s'assied et se met à jouer avec un grand sérieux. Ferdinand et Dorina font de grands efforts pour ne pas rire. L'autre valet, le cuisinier, viennent aussi écouter, à qui Ferdinand et Dorina font des signes de se taire.Le jeu de Micaccio est interrompu par un fort coup de sonnette.

FERDINAND — Voilà Madame !

DORINA, à l'autre valet — Allez vite ouvrir.
(Au cuisinier et aux autres.)
Et vous autres, dépêchez-vous. Madame a dit qu'elle voulait souper tout de suite en rentrant. Le valet, le cuisinier et le plongeur disparaissent.

FERDINAND — Qu'est-ce que j'ai fait de ma veste ?

DORINA — De l'autre côté.
Elle fait signe derrière le rideau et se retire en courant. Micuccio se lève, son instrument à la main, égaré. Ferdinand cherche sa veste, l'endosse vivement, puis voyant que Micuccio se dirige,lui aussi, avec Donna, il l'arrête brutalement.

FERDINAND — Vous, restez là. Il faut d'abord que je prévienne Madame.
Ferdinand parti, Micuccio demeure découragé, confus, avec un pressentiment douloureux.

Fin de la première partie.