en-es  Where Dutch directness comes from
De dónde viene la franqueza holandesa.

La franqueza es tan intrínseca en la sociedad holandesa que incluso hay una palabra holandesa para esto: 'bespreekbaarheid' (capacidad de hablar): que se puede y debe hablar de todo.

Por Olga Mecking, BBC viajes, 1 de febrero de 2018. http://www.bbc.com/travel/story/20180131-where-dutch-directness-comes-from?ocid=ww.social.link.email.

Solo había estado viviendo en Amsterdam durante un año cuando nos reunimos con los amigos de mi esposo en uno de los muchos cafés y bares del famoso Vondelpark de la ciudad.

Elegimos nuestros asientos y esperamos, pero el camarero no se veía por ninguna parte.
Cuando finalmente se materializó, aparentemente de la nada, no preguntó "¿Qué les gustaría pedir?" O "¿Qué puedo servirles?". Dijo '¿Qué quieren?'. Tal vez fue por el hecho de que lo había dicho en inglés, o tal vez solo estaba teniendo un mal día, pero de todos modos me sorprendió.

Mi profesor de holandés luego me explicó que los holandeses son muy directos, y en ninguna parte son tan directos como lo son en Amsterdam.

Ben Coates, que escribió Por qué los holandeses son diferentes, se trasladó a los Países Bajos desde Gran Bretaña hace ocho años. Recuerda experiencias similares, particularmente una situación en la que se cortó el pelo y un amigo inmediatamente le indicó que no le quedaba nada bien.

"Creo que Holanda es un lugar donde ... nadie va a fingir. [Por ejemplo], cuando dices algo en una reunión de negocios que no es una sugerencia muy inteligente, la gente siempre lo indicará", dijo.

En Gran Bretaña, dice, las personas tienden a comunicarse y comportarse de una manera que minimiza la ofensa a otras personas.

"No hablas demasiado fuerte en el tren porque no es muy agradable para las personas en tu compartimento; no pones la música demasiado fuerte en tu apartamento porque no es muy agradable para tus vecinos; existe esta constante calibración de tu propio comportamiento", explicó Coates. Pero en Holanda, existe "la sensación de que las personas tienen derecho a decir lo que quieran y a ser tan directas como quieran. Y si a otras personas no les gusta eso, es culpa suya ofenderse". Para muchos extranjeros, esta mentalidad de hablar sin rodeos puede parecer desconsiderada, quizás incluso arrogante. Una vez me encontraba en un supermercado mirando receloso los comestibles que se me habían caído de las manos al suelo. En pocos segundos estaba rodeado por no menos de 10 holandeses, todos dándome consejos sobre lo que debería hacer. Pero nadie movió un dedo. Para mí la situación era obvia: necesitaba ayuda inmediatamente. Pero los holandeses lo veían de otra manera: mientras que no pidiera ayuda expresamente, probablemente no sería necesaria.

"Otros pueden pensar que no tenemos empatía. Y puede ser que sea así porque pensamos que la sinceridad tiene prioridad sobre la empatía", explicó Eleonore Breukel, especialista en interculturalidad, que entrena a las personas para comunicarse mejor en entornos multiculturales.

Al final todo se reduce a diferencias en las modalidades de comunicación, dijo Breukel, que es holandesa pero que ha vivido por todo el mundo. Ella cree que la tendencia holandesa de ser muy directo tiene que ver con la franqueza, que a su vez está relacionada con la prevalencia histórica del calvinismo en Holanda (aunque, según Dutch News, hoy la gran mayoría de los holandeses no se asocian con ninguna religión).

Después del comienzo de la Reforma en el siglo XVI, el calvinismo se extendió a Francia, Escocia y Holanda. Pero solo tuvo un impacto notable en este último, donde coincidió con la lucha por la independencia contra la España católica, que gobernó Holanda desde 1556 hasta 1581. En 1573, el príncipe holandés William el Silencioso (llamado Willem van Oranje en holandés), el fundador de la Casa Real de Orange que gobierna hoy los Países Bajos, se convirtió del catolicismo al calvinismo y el país se unió a él. Como resultado, la religión calvinista tuvo un gran impacto en la identidad nacional porque los holandeses asociaron el catolicismo con la opresión española.

Desde ese momento, "el calvinismo dictaminó la responsabilidad del individuo para salvar la moral del mundo pecaminoso a través de la introspección, la honestidad total, la sobriedad, el rechazo del 'placer' así como del 'disfrute' de la riqueza", escribe Breukel en un artículo sobre cultura de negocios holandeses, publicada en su página web.

La franqueza es tan intrínseca en la sociedad holandesa que incluso hay una palabra holandesa para esto: 'bespreekbaarheid' (capacidad de hablar), que se puede y debe hablar de todo; no hay temas tabú.

De hecho, la franqueza y la idea de transparencia que la acompaña es una cualidad muy deseable para los holandeses. Muchas de las casas más antiguas de Holnda tienen grandes ventanas que permiten a los visitantes, si así lo desean, echar un vistazo dentro.

"Hay un concepto totalmente diferente de la privacidad", dice Coates, señalando la tendencia de los holandeses a discutir temas íntimos en público.

Estás sentado en un restaurante con un amigo y ellos, alegremente, en un local lleno de extraños, hablarán bastante alto sobre sus problemas médicos, el divorcio de sus padres o su vida amorosa. No ven motivo para mantenerlo secreto". De hecho, visto desde afuera, parece que cada tema, no importa lo difícil que sea, debería estar abierto a debate. Holanda es única en la forma de tratar temas como la prostitución, las drogas y la eutanasia. Esta última está completamente legalizada pero altamente controlada, mientras que el Barrio Rojo de Ámsterdam es una parte famosa de Ámsterdam. A pesar de que la marihuana ya no es totalmente legal, las autoridades tienen una así llamada política de tolerancia de forma que no se persigue a los cafés por venderla.

Pero Breukel no está de acuerdo con la premisa de que los holandeses no tienen temas tabúes. "No hablamos de salarios, no hablamos de pensiones. Nada que tenga que ver con lujo. No hablamos sobre lo bonita que es nuestra casa. No hablamos sobre cómo de grande es nuestro coche", añadió.

Además, dijo que los holandeses no quieren dar a conocer nada que pueda insinuar desigualdad o relaciones de poder. Esto es a causa del llamado "modelo de los pólders", los holandeses realizan la formulación de políticas por consenso entre el gobierno, las empresas y los sindicatos. La palabra "pólder" se refiere a las partes de tierra ganadas al mar. Según The Economist, para hacer posible la construcción de pólders y proteger al país de la amenaza siempre presente del mar, los holandeses tuvieron que cooperar y trabajar todos juntos. Esto se infiltró hasta en la vida familiar donde la voz de los hijos cuanta casi tanto como la de los padres.

"Tenemos una cultura igualitaria. Y en esa cultura igualitaria no queremos hacer diferencia entre el jefe y el empleado", dijo Breukel. En otras palabras, hay reglas de comportamiento que todos tienen que seguir, y eso, de nuevo, se manifiesta en el idioma. Proverbios como "Doe maar normaal, dan ben je al gek genoeg" (simplemente sé normal, eso ya es bastante loco) o "Steek je hoofd boven het maaiveld uit" (no pongas tu cabeza por encima del suelo) están ahí para recordarnos que todos somos iguales.

En cuanto a mí, estoy aprendiendo a comunicarme mejor a la manera directa holandesa. Breukel me aconsejó comenzar con el tema, por ejemplo, 'querría una cita', en lugar de enumerar todas las razones por las que debería ir al médico. También he aprendido a pedir ayuda, en lugar de esperar que me la ofrezcan. Y aunque puede que me queje de la franqueza de los holandeses, estoy agradecido de vivir en un país que me permite ser precisamente eso.
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Where Dutch directness comes from.
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We chose our seats and waited, but the waiter was nowhere to be seen.
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He said ‘What do you want?’.
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“I think the Netherlands are a place where… no-one is going to pretend.
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But not one lifted a finger.
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To me, the situation was obvious: I needed help immediately.
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“Others may think that we don’t have empathy.
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But Breukel disagrees with the premise that the Dutch don’t have taboo topics.
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“We don’t discuss salaries, we don’t discuss pensions.
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Anything to do with luxury.
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We don’t talk about how beautiful our house is.
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We don’t discuss how big our car is,” she added.
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The word ‘polder’ refers to pieces of land reclaimed from the sea.
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“We have an egalitarian culture.
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As for me, I am learning to communicate better in the direct, Dutch way.
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I’ve also learned to ask for help, instead of expecting it to be offered.
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Where Dutch directness comes from.

Straightforwardness is so intrinsic in Dutch society that there’s even a Dutch word for it: 'bespreekbaarheid' (speakability) – that everything can and should be talked about.

By Olga Mecking, BBC travel, 1 February 2018.

http://www.bbc.com/travel/story/20180131-where-dutch-directness-comes-from?ocid=ww.social.link.email.

I’d only been living in Amsterdam for a year when we met my husband’s friends in one of the many cafes and bars in the city’s famous Vondelpark.

We chose our seats and waited, but the waiter was nowhere to be seen.
When he finally materialised, seemingly out of nowhere, he didn’t ask ‘What would you like to order’, or ‘What can I get you?’. He said ‘What do you want?’. Maybe it was the fact that he’d said it in English, or maybe he was just having a bad day, but I was shocked nonetheless.

My Dutch teacher later explained that the Dutch are very direct – and nowhere are they so direct as they are in Amsterdam.

Ben Coates, who wrote Why the Dutch Are Different, moved to the Netherlands from Great Britain eight years ago. He recalls similar experiences, specifically one situation when he got a haircut and a friend immediately pointed out that it didn’t suit him at all.

“I think the Netherlands are a place where… no-one is going to pretend. [For example], when you say something in a business meeting that is not a very smart suggestion, people will always point it out,” he said.

Great Britain, he says, people tend to communicate and behave in a way that minimises offense to other people.

“You don’t talk too loudly on the train because it’s not too nice for the people in your compartment; you don’t play your music too loud in your apartment because it’s not so nice for your neighbours; there is this constant calibrating of your own behaviour,” Coates explained. But in the Netherlands, there is “the sense that people have the right to say whatever they want and be as direct as they want. And if other people don’t like that, it’s their fault for getting offended.”

To many foreigners, this give-it-to you-straight mentality can come across as inconsiderate, perhaps even arrogant. One time, I found myself at the supermarket staring with disbelief at the groceries that had spilled out of my hands onto the floor. Within seconds, I was surrounded by no fewer than 10 Dutch people, all of them giving me advice on what to do. But not one lifted a finger. To me, the situation was obvious: I needed help immediately. But the Dutch saw it differently: unless I specifically asked for help, it probably wasn’t necessary.

“Others may think that we don’t have empathy. And maybe that is so because we think truthfulness goes before empathy,” explained Eleonore Breukel, an interculturalist who trains people to communicate better in multicultural environments.

In the end, it all comes down to differences in communication patterns, said Breukel, who is Dutch but has lived all over the world. She believes the Dutch tendency to be very direct has to do with straightforwardness, which in turn is connected to the historical prevalence of Calvinism in the Netherlands (even though, according to Dutch News, the vast majority of Dutch people don’t associate with any religion today).

After the start of the Reformation in the 16th Century, Calvinism spread to France, Scotland and the Netherlands. But it only had noticeable impact in the latter, where it coincided with the fight for independence against Catholic Spain, which ruled over the Netherlands from 1556 to 1581. In 1573, the Dutch prince William the Silent (called Willem van Oranje in Dutch), the founder of the Royal House of Orange that rules the Netherlands today, converted from Catholicism to Calvinism and united the country behind him. As a result, the Calvinist religion had a large impact on national identity because the Dutch associated Catholicism with Spanish oppression.

From that moment on, “Calvinism dictated the individual responsibility for moral salvage from the sinful world through introspection, total honesty, soberness, rejection of ‘pleasure’ as well as the ‘enjoyment’ of wealth,” writes Breukel in an article on Dutch business culture published on her website.

This straightforwardness is so intrinsic in Dutch society that there’s even a Dutch word for it: bespreekbaarheid (speakability) – that everything can and should be talked about; there are no taboo topics.

In fact, directness and the idea of transparency that goes with it is a highly desirable trait to the Dutch. Many of the older houses in the Netherlands have big windows, allowing visitors – if they so wish – to peep inside.

“There is a totally different concept of privacy,” Coates said, noting the tendency of the Dutch people to discuss intimate topics in public.

“You sit in a restaurant with a friend and they will happily, in a room full of strangers, talk quite loudly about their medical problems or their parents’ divorce or their love life. They see no reason to keep it a secret.”

In fact, from an outside point of view, it seems that every topic, no matter how difficult, should be up for debate. The Netherlands is unique in the way it treats topics such as prostitution, drugs and euthanasia. The latter is fully legalised but highly controlled, while the Red-Light District is a famous part of Amsterdam. While marijuana is no longer entirely legal, authorities have a so-called tolerance policy where coffee shops are not prosecuted for selling it.

But Breukel disagrees with the premise that the Dutch don’t have taboo topics. “We don’t discuss salaries, we don’t discuss pensions. Anything to do with luxury. We don’t talk about how beautiful our house is. We don’t discuss how big our car is,” she added.

Moreover, she said that the Dutch don’t want to acknowledge anything that might hint at inequality or power relationships. This is because of the so-called poldermodel, the Dutch practice of policymaking by consensus between government, employers and trade unions. The word ‘polder’ refers to pieces of land reclaimed from the sea. According to The Economist, to make the building of polders possible and to guard the country from the ever-present threat from the sea, the Dutch had to cooperate and work well together. This seeped down to family life where children’s voices count almost as much as those of the parents.

“We have an egalitarian culture. And in that egalitarian culture, we don’t want to make a difference between the boss and the employee,” Breukel said. In other words, there are rules of behaviour that everyone has to follow, and that, again, is visible in language. Proverbs such as ‘Doe maar normaal, dan ben je al gek genoeg’ (just be normal, that’s already crazy enough) or ‘Steek je hoofd niet boven het maaiveld uit’ (don’t put your head above the ground) are there to remind us that we are all the same.

As for me, I am learning to communicate better in the direct, Dutch way. Breukel advised me to start with the subject – for example, ‘I would like an appointment’ – instead of listing all the reasons why I should see the doctor. I’ve also learned to ask for help, instead of expecting it to be offered. And although I may complain about Dutch directness, I’m grateful to live in a country that allows me to be just that.