en-es  Will Robots Take Our Children’s Jobs?
¿Se llevarán los robots los trabajos de nuestros hijos?

Por Alex Williams, The New York Times, 11 de diciembre de 2017.

Al igual que un montón de niños, mis hijos, Toby, de 7 años, y Anton, de 4, están obsesionados con los robots. En los libros infantiles que devoran a la hora de acostarse, felices, serviciales robots aparecen con más frecuencia incluso que los dragones o los dinosaurios. El otro día pregunté a Toby por qué a los niños les gustan tanto los robots.

"Porque ellos hacen tu trabajo", dijo.
Lo que no tuve valor para decirle es que algún día puede que él trabaje para ellos, o, me temo, que podría no trabajar en absoluto, por su culpa.

No son solo Elon Musk, Bill Gates y Stephen Hawking quienes alucinan acerca de la aparición de máquinas invencibles. Sí, los robots tienen el potencial para superarnos y destruir la raza humana. Pero, en primer lugar, la inteligencia artificial podría volver obsoletas incontables profesiones para cuando mis hijos alcancen los veinte años.

Usted no necesita exactamente ser Marty McFly para ver las obvias amenazas para las futuras carreras de nuestros hijos.

Digamos que usted sueña con enviar a su hija a la escuela de Medicina de Yale para convertirse en radióloga. ¿Y por qué no? Los radiólogos en Nueva York suelen ganar en torno a 470 000 dólares, de acuerdo con Salary.com.

Pero ese trabajo de pronto esta pareciendo dudoso ya que la A. I. mejora en la lectura de escáneres. Un start-up llamado Arterys, por citar un solo ejemplo, dispone ya de un programa que puede realzar un análisis de una imagen de resonancia magnética del flujo sanguíneo a través del corazón en solo 15 segundos, comparado con los 45 minutos requeridos por los humanos.

Tal vez ella quiera ser una cirujana, pero ese trabajo puede que tampoco resulte seguro. Los robots ya ayudan a los cirujanos a estirpar órganos dañados y tejidos cancerígenos, de acuerdo con la Scientific American. El año pasado, un prototipo de robot cirujano denominado STAR (Smart Tissue Autonomous Robot) superó a los cirujanos humanos en un test en el que ambos tenían que reparar el intestino cortado de un cerdo vivo.

Así que su hija tal vez se dirija a la escuela de derecho para convertirse en una innovadora abogada corporativa. También en esa profesión los cielos están cubiertos. Cualquier trabajo legal que implica la revisión de montones de documentos rutinarios (y es esto es gran parte de lo que hacen lo abogados) es vulnerable.

Los programas de software están siendo ya utilizados por compañías incluyendo a JPMorgan Chase & Company para escanear papeles legales y predecir qué documentos son relevantes, ahorrando montones de horas facturadas. Kira Systems, por ejemplo, ha recortado supuestamente el tiempo que algunos abogados necesitan para revisar contratos entre el 20 y el 60 por ciento.

Como un asunto de supervivencia profesional, quisiera asegurar a mis hijos que el periodismo es inmune, pero eso es claramente un error. La Associated Press ya ha utilizado un programa de software de una compañía llamada Automated Insights para producir en serie copias pasables que cubren las ganancias de Wall Street y de algunos deportes universitarios, y el año pasado otorgó a los robots la victoria en la liga de segunda de béisbol.

¿Y qué hay sobre otros trabajos glamurosos como piloto de líneas aéreas? Bien, la pasada primavera, un copiloto robot desarrollado por la Defense Advanced Research Orijejcts Agency, conocido como Darpa, voló y aterrizó en un vuelo simulado 737. Casi no cuento esto como sorprendente, dado que los pilotos de los comerciales Boeing 777, de acuerdo con una encuesta de 2015, solo invierten siete minutos durante un vuelo medio volando de verdad el aparato. A medida que nos movemos en la era de los coches autodirigidos, ¿pueden los aviones no pilotados estar muy lejos?

Después está Wall Street, donde los robots ya están haciendo todo lo posible para empujar a Gordon Gekko de su despacho de la esquina. Los grandes bancos están usando programas de software que pueden sugerir apuestas, construir coberturas de riesgos y actuar como robo-economistas, usando el procesado del lenguaje natural para analizar comentarios de los bancos centrales para predecir la política económica, según Bloomberg. BlackRock, la empresa de fondos mayor del mundo, causó sensación a comienzos de este año cuando anunció que estaba reemplazando algunos seleccionadores de acciones humanos muy bien pagados por algoritmos de ordenador.

Entonces, ¿estoy paranoico? ¿O no suficientemente paranoico? Un estudio muy citado de 2013 del Departamento de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de Oxford —seguramente la más seria de la instituciones— estimaba que el 47 por ciento de los actuales trabajos, incluidos aseguradores, árbitros deportivos y prestamistas, están en peligro de ser víctimas de la automatización, tal vez en una década o dos.

Precisamente esta semana, el McKinsey Global Institute publicó un informe que encontró que un tercio de los trabajadores norteamericanos puede que tengan que cambiar de empleo en los próximos diez o doce años a causa de la A. I.

Sé que no soy el único padre que se pregunta si puede proteger de los robots las carreras de sus hijos. Suponía que comenzaría por preguntarme qué quieren hacer cuando crezcan.

Toby, un complaciente y animador nato, está obsesionado con los coches y las películas. Me dijo que quería ser conductor de Uber o actor. (Es demasiado joven para comprender que esos trabajos son por lo general uno y el mismo).

En cuanto a los conductores de Uber, no es ningún secreto que van encaminados a ese gran aparcamiento en el cielo; la compañía anunciaba recientemente planes para comprar 24 000 Volvo deportivos utilitarios para circular como una flota sin conductores entre 2019 y 2021.

¿Y los actores? Puede parecer impensable que algunos futuros actores generados por ordenador puedan lograr el matiz en la expresión y la profundidad emocional de, digamos, Dwayne Johnson. Pero Hollywood ya es Silicon Valley South. Considere cómo los cineastas utilizaron gráficos por ordenador para reanimar a la princesa Leia de Carrie Fisher y al gran Moff Tarkin de Peter Cushing tal como aparecieron en la década de 1970 (no olvide nunca que el señor Cushing murió en 1994) para "Rogue One: A Star Wars Story". Mi hijo menor, Anton, un encanto, pero duro como Kevlar, dijo que quería ser un futbolista. Los robots futbolistas pueden sonar a locura, pero pensándolo, la lucha del lunes por la noche entre los Dallas Cowdroids y los Seattle Seabots puede ser la única solución a los interminables problemas de commoción deportivos.

También dijo que quería ser soldado. Si quiere decir soldado de infantería, sin embargo, podría querer quedar fuera del alistamiento. Rusia ha desvelado recientemente a Fedor, un soldado robot humanoide que se parece a RoboCop después de una dieta de choque Whole30; este androide preparado para la lucha espacial puede disparar pistolas, conducir vehículos, administrar primeros auxilios y, cabe esperar, saludar. De hecho, los ejércitos del mundo se encuentran en semejante carrera de armamentos dasarrollando robots soldados que un experto en inteligencia británico predijo que las fuerzas americanas tendrán más soldados robots que humanos para 2025.

Y repito, todas estas cosas están ocurriendo ahora, no dentro de 25 años. Quién sabe qué aspecto tendrá el mercado de trabajo para entonces. Podríamos no ser siquiera los seres más inteligentes del planeta.

¿Ya han oído hablar de la "singularidad"? Es el término que usan los futuristas para describir un punto potencialmente cataclísmico en el que la inteligencia de las máquinas alcanza a la inteligencia humana, y probablemente pasa por encima de ella. Puede que nos gobiernen. Puede que nos maten. No es de extrañar que Mr. Musk diga que la I.A. "es potencialmente más peligrosa que las armas nucleares". Pero ¿es realmente tan nefasta? Los temores a la tecnología son tan antiguos como los "luddites", esos trabajadores textiles británicos que destruían las máquinas a comienzos del siglo XIX. Normalmente los temores resultaron ser injustificados.

La llegada del automóvil, para citar un ejemplo obvio, ciertamente dejó sin empleo a la mayor parte de los recogedores de estiércol. Pero creó millones de puestos de trabajo para remplazarlos, no solamente para los obreros de las líneas de montaje en Detroit, sino también para constructores suburbanos, volteadores de Big Macs y actores representando "Greased Lightnin" en giras de nuevos montajes de "Grease". Este es el proceso de destrucción creativa en pocas palabras.

Pero la inteligencia artificial es diferente, dijo Martin Ford, el autor de "Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future" (El ascenso de los robots: tecnología y la amenaza de un futuro sin empleos". El aprendizaje automático no solo nos da nuevas máquinas para reemplazar a las máquinas antiguas, empujando a los trabajadores humanos de una industria a otra. Más bien, nos da nuevas máquinas para reemplazarnos a nosotros, máquinas que pueden seguirnos prácticamente a cualquier nueva industria a la que huyamos.

Desde que el libro del Sr. Ford me envió a esta madriguera en primer lugar, me puse en contacto con él para ver si estaba preocupado por todo esto con respecto a sus propios hijos: Tristan de 22, Colin de 17 y Elaine de 10.

Dijo que los trabajos más vulnerables en la economía robótica son los que implican tareas predictivas, repetitivas, por mucho aprendizaje que requieran. "Muchos trabajos basados en el conocimiento son realmente rutinarios —sentarse delante de un ordenador y producir en serie la misma aplicación una y otra vez, lo mismo sea un informe o algún tipo de análisis cuantitativo", dijo.

Las profesiones que dependen de un pensamiento creativo disfrutan de cierta protección (el hijo mayor del Sr. Ford es un estudiante de posgrado en ingeniería biomédica). De igual modo, realizar trabajos que enfatizan la empatía y la comunicación interpersonal (su hijo más joven quiere ser psicólogo).

Aun así, la capacidad de pensar de forma creativa puede que no proporcione la salvación definitiva. Mr. Ford dijo que se había alarmado en mayo cuando Google's AlphaGo derrotó a un campeón chino de 19 años de Go, considerado el juego de mesa más complicado del mundo.

"Si habla con los mejores jugadores de Go, ni siquiera ellos pueden explicar lo que están haciendo", dijo Mr. Ford. "Lo describirán como un "sentimiento". Es entrar en el terreno de la intuición. Y aún así, un ordenador fue capaz de probar que podía vencer a cualquiera en el mundo". Buscando un resquicio de esperanza, pasé una tarde buscando en Google charlas de TED con títulos atractivos como "¿Están los androides quitando nuestros trabajos?" En uno, Albert Wenger, un influyente inversor en alta tecnología, promocionaba el concepto de "Basic Income Guarantee" (la garantía de ingresos básicos). También conocido como "Universal basic Income" (salario básico universal), este concepto color de rosa sostiene que una economía conducida por robots puede producir algún día una ilimitada prodigalidad de cosas geniales, al tiempo que nos libera de los trabajos pesados del viejo mundo laboral, permitiendo a nuestros hijos, financiados por el gobierno, disfrutar de vidas generosas de placer como bailarines interpretativos o practicantes de terapias de picadura de abejas, como pregona Gwyneth Paltrow.

La idea está de moda entre las élites del Silicon Valley, que no solo entienden el poder de la tecnología, sino que también gustan de creer que será usada para bien. En su visión del mundo post I.A. sin empleos tradicionales, todos recibirán un salario mínimo semanal o mensual (bienestar para todos, básicamente).

Otra charla de David Autor, economista, argumenta que los informes sobre la muerte del trabajo son exagerados en gran medida. Casi 50 años después de la introducción de los cajeros automáticos, por ejemplo, trabajan en realidad más humanos como cajeros de banco que nunca. Los ordenadores simplemente liberaron a los humanos de trabajos que entumecen la mente, como contar billetes de 20 dólares, para que la enfocaran en tareas más exigentes cognitivamente como "entablar relaciones con clientes, resolver problemas y presentarles nuevos productos como tarjetas de crédito, préstamos e inversiones", dijo.

Los ordenadores, después de todo, son realmente buenos en algunas cosas y, por el momento, terribles en otras. Incluso Anton intuye esto. El otro día le pregunté si pensaba que los robots eran más listos o más tontos que los humanos. "Más listontos", dijo después de una larga pausa. Confuso, le presioné. "Más listos y más tontos", explicó con una sonrisa descarada.

Estaba bromeando. Pero resultó que tenía razón, de acuerdo con Andrew McAfee, un teórico de gestión en el Instituto de Tecnología de Massachusetts a quien entrevisté poco después.

Al discutir sobre otra de las aspiraciones de Anton, escritor de canciones, Dr. McAfee dijo que los ordenadores ya eran suficientemente inteligentes para sugerir una melodía mejor que muchos humanos. "Las cosas que nuestros oídos encuentran agradables, para ello conocemos las reglas", dijo "Sin embargo, realmente va a sorprenderme cuando haya un escritor digital de textos por ahí, alguien que pueda poner palabras a esa música que realmente diga algo a la gente y le haga pensar algo sobre la condición humana". No todos, por supuesto, están hechos para ser un cyborg-Springsteen. Le pregunté al Dr. McAfee qué más trabajos podrían existir dentro de una década.

"Pienso que asesores de salud van a constituir una gran industria en el futuro", dijo. "Restaurante que tienen un personal muy amable no están a punto de desaparecer, aunque tengamos más opciones de encargar la consumición por tableta".

"A personas interesadas en trabajar con sus manos, les irá bien", dijo. "El fontanero robot está todavía muy, muy lejos". https://www.nytimes.com/2017/12/11/style/robots-jobs-children.html
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Will Robots Take Our Children’s Jobs?.
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By Alex Williams, The New York Times, December 11, 2017.
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Like a lot of children, my sons, Toby, 7, and Anton, 4, are obsessed with robots.
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The other day I asked Toby why children like robots so much.
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“Because they work for you,” he said.
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Yes, robots have the potential to outsmart us and destroy the human race.
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Say you dream of sending your daughter off to Yale School of Medicine to become a radiologist.
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And why not?
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Radiologists in New York typically earn about $470,000, according to Salary.com.
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But that job is suddenly looking iffy as A.I.
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gets better at reading scans.
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Maybe she wants to be a surgeon, but that job may not be safe, either.
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So perhaps your daughter detours to law school to become a rainmaking corporate lawyer.
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Skies are cloudy in that profession, too.
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What about other glamour jobs, like airline pilot?
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As we move into the era of driverless cars, can pilotless planes be far behind?
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So, am I paranoid?
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Or not paranoid enough?
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I know I am not the only parent wondering if I can robot-proof my children’s careers.
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I figured I would start by asking my own what they want to do when they grow up.
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Toby, a people pleaser and born entertainer, is obsessed with cars and movies.
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He told me he wanted to be either an Uber driver or an actor.
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(He is too young to understand that those jobs are usually one and the same).
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And actors?
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But Hollywood is already Silicon Valley South.
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He also said he wanted to be a soldier.
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If he means foot soldier, however, he might want to hold off on enlistment.
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And again, all of this stuff is happening now, not 25 years from now.
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Who knows what the jobs marketplace might look like by then.
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We might not even be the smartest beings on the planet.
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Ever heard of the “singularity”?
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They may rule us.
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They may kill us.
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No wonder Mr. Musk says that A.I.
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“is potentially more dangerous than nukes.” But is it really that dire?
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Usually, the fears turn out to be overblown.
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Even so, the ability to think creatively may not provide ultimate salvation.
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“They’ll describe it as a ‘feeling.’ It’s moving into the realm of intuition.
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In their vision of a post-A.I.
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Computers, after all, are really good at some things and, for the moment, terrible at others.
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Even Anton intuits this.
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The other day I asked him if he thought robots were smarter or dumber than humans.
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“Sdumber,” he said after a long pause.
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Confused, I pushed him.
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“Smarter and dumber,” he explained with a cheeky smile.
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He was joking.
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“The things our ears find pleasant, we know the rules for that stuff,” he said.
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I asked Dr. McAfee what other jobs may exist a decade from now.
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“I think health coaches are going to be a big industry of the future,” he said.
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Will Robots Take Our Children’s Jobs?.

By Alex Williams, The New York Times, December 11, 2017.

Like a lot of children, my sons, Toby, 7, and Anton, 4, are obsessed with robots. In the children’s books they devour at bedtime, happy, helpful robots pop up more often than even dragons or dinosaurs. The other day I asked Toby why children like robots so much.

“Because they work for you,” he said.
What I didn’t have the heart to tell him is, someday he might work for them — or, I fear, might not work at all, because of them.

It is not just Elon Musk, Bill Gates and Stephen Hawking who are freaking out about the rise of invincible machines. Yes, robots have the potential to outsmart us and destroy the human race. But first, artificial intelligence could make countless professions obsolete by the time my sons reach their 20s.

You do not exactly need to be Marty McFly to see the obvious threats to our children’s future careers.

Say you dream of sending your daughter off to Yale School of Medicine to become a radiologist. And why not? Radiologists in New York typically earn about $470,000, according to Salary.com.

But that job is suddenly looking iffy as A.I. gets better at reading scans. A start-up called Arterys, to cite just one example, already has a program that can perform a magnetic-resonance imaging analysis of blood flow through a heart in just 15 seconds, compared with the 45 minutes required by humans.

Maybe she wants to be a surgeon, but that job may not be safe, either. Robots already assist surgeons in removing damaged organs and cancerous tissue, according to Scientific American. Last year, a prototype robotic surgeon called STAR (Smart Tissue Autonomous Robot) outperformed human surgeons in a test in which both had to repair the severed intestine of a live pig.

So perhaps your daughter detours to law school to become a rainmaking corporate lawyer. Skies are cloudy in that profession, too. Any legal job that involves lots of mundane document review (and that’s a lot of what lawyers do) is vulnerable.

Software programs are already being used by companies including JPMorgan Chase & Company to scan legal papers and predict what documents are relevant, saving lots of billable hours. Kira Systems, for example, has reportedly cut the time that some lawyers need to review contracts by 20 to 60 percent.

As a matter of professional survival, I would like to assure my children that journalism is immune, but that is clearly a delusion. The Associated Press already has used a software program from a company called Automated Insights to churn out passable copy covering Wall Street earnings and some college sports, and last year awarded the bots the minor league baseball beat.

What about other glamour jobs, like airline pilot? Well, last spring, a robotic co-pilot developed by the Defense Advanced Research Projects Agency, known as Darpa, flew and landed a simulated 737. I hardly count that as surprising, given that pilots of commercial Boeing 777s, according to one 2015 survey, only spend seven minutes during an average flight actually flying the thing. As we move into the era of driverless cars, can pilotless planes be far behind?

Then there is Wall Street, where robots are already doing their best to shove Gordon Gekko out of his corner office. Big banks are using software programs that can suggest bets, construct hedges and act as robo-economists, using natural language processing to parse central bank commentary to predict monetary policy, according to Bloomberg. BlackRock, the biggest fund company in the world, made waves earlier this year when it announced it was replacing some highly paid human stock pickers with computer algorithms.

So, am I paranoid? Or not paranoid enough? A much-quoted 2013 study by the University of Oxford Department of Engineering Science — surely the most sober of institutions — estimated that 47 percent of current jobs, including insurance underwriter, sports referee and loan officer, are at risk of falling victim to automation, perhaps within a decade or two.

Just this week, the McKinsey Global Institute released a report that found that a third of American workers may have to switch jobs in the next dozen or so years because of A.I.

I know I am not the only parent wondering if I can robot-proof my children’s careers. I figured I would start by asking my own what they want to do when they grow up.

Toby, a people pleaser and born entertainer, is obsessed with cars and movies. He told me he wanted to be either an Uber driver or an actor. (He is too young to understand that those jobs are usually one and the same).

As for Uber drivers, it is no secret that they are headed to that great parking garage in the sky; the company recently announced plans to buy 24,000 Volvo sport utility vehicles to roll out as a driverless fleet between 2019 and 2021.

And actors? It may seem unthinkable that some future computer-generated thespian could achieve the nuance of expression and emotional depth of, say, Dwayne Johnson. But Hollywood is already Silicon Valley South. Consider how filmmakers used computer graphics to reanimate Carrie Fisher’s Princess Leia and Peter Cushing’s Grand Moff Tarkin as they appeared in the 1970s (never mind that the Mr. Cushing died in 1994) for “Rogue One: A Star Wars Story.”

My younger son Anton, a sweetheart, but tough as Kevlar, said he wanted to be a football player. Robot football may sound crazy, but come to think of it, a Monday night battle between the Dallas Cowdroids and Seattle Seabots may be the only solution to the sport’s endless concussion problems.

He also said he wanted to be a soldier. If he means foot soldier, however, he might want to hold off on enlistment. Russia recently unveiled Fedor, a humanoid robot soldier that looks like RoboCop after a Whole30 crash diet; this space-combat-ready android can fire handguns, drive vehicles, administer first aid and, one hopes, salute. Indeed, the world’s armies are in such an arms race developing grunt-bots that one British intelligence expert predicted that American forces will have more robot soldiers than humans by 2025.

And again, all of this stuff is happening now, not 25 years from now. Who knows what the jobs marketplace might look like by then. We might not even be the smartest beings on the planet.

Ever heard of the “singularity”? That is the term that futurists use to describe a potentially cataclysmic point at which machine intelligence catches up to human intelligence, and likely blows right past it. They may rule us. They may kill us. No wonder Mr. Musk says that A.I. “is potentially more dangerous than nukes.”

But is it really that dire? Fears of technology are as old as the Luddites, those machine-smashing British textile workers of the early 19th century. Usually, the fears turn out to be overblown.

The rise of the automobile, to cite the obvious example, did indeed put most manure shovelers out of work. But it created millions of jobs to replace them, not just for Detroit assembly line workers, but for suburban homebuilders, Big Mac flippers and actors performing “Greased Lightnin’” in touring revivals of “Grease.” That is the process of creative destruction in a nutshell.

But artificial intelligence is different, said Martin Ford, the author of “Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future.” Machine learning does not just give us new machines to replace old machines, pushing human workers from one industry to another. Rather, it gives us new machines to replace us, machines that can follow us to virtually any new industry we flee to.

Since Mr. Ford’s book sent me down this rabbit hole in the first place, I reached out to him to see if he was concerned about all this for his own children: Tristan, 22, Colin, 17, and Elaine, 10.

He said the most vulnerable jobs in the robot economy are those involving predictable, repetitive tasks, however much training they require. “A lot of knowledge-based jobs are really routine — sitting in front of a computer and cranking out the same application over and over, whether it is a report or some kind of quantitative analysis,” he said.

Professions that rely on creative thinking enjoy some protection (Mr. Ford’s older son is a graduate student studying biomedical engineering). So, do jobs emphasizing empathy and interpersonal communication (his younger son wants to be a psychologist).

Even so, the ability to think creatively may not provide ultimate salvation. Mr. Ford said he was alarmed in May when Google’s AlphaGo software defeated a 19-year-old Chinese master at Go, considered the world’s most complicated board game.

“If you talk to the best Go players, even they can’t explain what they’re doing,” Mr. Ford said. “They’ll describe it as a ‘feeling.’ It’s moving into the realm of intuition. And yet a computer was able to prove that it can beat anyone in the world.”

Looking for a silver lining, I spent an afternoon Googling TED Talks with catchy titles like “Are Droids Taking Our Jobs?”

In one, Albert Wenger, an influential tech investor, promoted the Basic Income Guarantee concept. Also known as Universal Basic Income, this sunny concept holds that a robot-driven economy may someday produce an unlimited bounty of cool stuff while simultaneously releasing us from the drudgery of old-fashioned labor, leaving our government-funded children to enjoy bountiful lives of leisure as interpretive dancers or practitioners of bee-sting therapy, as touted by Gwyneth Paltrow.

The idea is all the rage among Silicon Valley elites, who not only understand technology’s power, but who also love to believe that it will be used for good. In their vision of a post-A.I. world without traditional jobs, everyone will receive a minimum weekly or monthly stipend (welfare for all, basically).

Another talk by David Autor, an economist, argued that reports of the death of work are greatly exaggerated. Almost 50 years after the introduction of the A.T.M., for instance, more humans actually work as bank tellers than ever. The computers simply freed the humans from mind-numbing work like counting out 20-dollar bills to focus on more cognitively demanding tasks like “forging relationships with customers, solving problems and introducing them to new products like credit cards, loans and investments,” he said.

Computers, after all, are really good at some things and, for the moment, terrible at others. Even Anton intuits this. The other day I asked him if he thought robots were smarter or dumber than humans. “Sdumber,” he said after a long pause. Confused, I pushed him. “Smarter and dumber,” he explained with a cheeky smile.

He was joking. But he also happened to be right, according to Andrew McAfee, a management theorist at the Massachusetts Institute of Technology whom I interviewed a short while later.

Discussing another of Anton’s career aspirations — songwriter — Dr. McAfee said that computers were already smart enough to come up with a better melody than a lot of humans. “The things our ears find pleasant, we know the rules for that stuff,” he said. “However, I’m going to be really surprised when there is a digital lyricist out there, somebody who can put words to that music that will actually resonate with people and make them think something about the human condition.”

Not everyone, of course, is cut out to be a cyborg-Springsteen. I asked Dr. McAfee what other jobs may exist a decade from now.

“I think health coaches are going to be a big industry of the future,” he said. “Restaurants that have a very good hospitality staff are not about to go away, even though we have more options to order via tablet.

“People who are interested in working with their hands, they’re going to be fine,” he said. “The robot plumber is a long, long way away.”

https://www.nytimes.com/2017/12/11/style/robots-jobs-children.html